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Número 107 - Bruselas, 4 de marzo de 2022


Una newsletter de Nacho Alarcón. Puedes suscribirte aquí

Es viernes y este es el número 108 de Nexo Europa, la newsletter semanal de actualidad y análisis de asuntos europeos. La semana pasada por primera vez en mucho tiempo, no hubo Nexo Europa porque fueron días muy intensos por algo que supongo ya saben. 

Como sabéis en esta newsletter siempre intento mantener una visión amplia, tratando distintos temas e intentando aportar sobre asuntos que normalmente están fuera del radar de la persona que no sigue toda la información europea día a día. Estos números probablemente se vayan a hacer más pesados, más monótonos. Pero créanme: todo está centrado en la invasión rusa de Ucrania. Todo empieza y acaba ahí, así que hay poca variedad en la información que podemos ofrecer. Espero, en cualquier caso, que se queden aquí leyendo. 
 


 

Un salto hacia al vacío

Vladímir Putin ha hecho que Rusia y el mundo den un salto hacia el vacío, hacia un terreno desconocido en el que los errores de cálculo y de juicio tienen un precio altísimo. El pasado jueves, después de que el lunes hubiera terminado de preparar un grueso y bastante burdo ‘casus belli’ (que después ha acabado por olvidar) con el reconocimiento de las dos autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, al este de Ucrania, el presidente ruso dio la orden: Rusia empezó una invasión a gran escala al país vecino. 

Los primeros planes de Putin no salieron como él esperaba. No hubo una descomposición del ejército ucraniano, ni el Gobierno huyó del país, ni la capital, Kiev, cayó rápidamente en manos rusas. Lo que ocurre cuando diriges una dictadura personalista, como explica Ben Judah aquí, es que tus subordinados tienen miedo de darte la información real sobre el terreno. Los primeros movimientos de Rusia sugieren que Putin estaba recibiendo mala información sobre la situación en Ucrania. 

Pero no vamos a extendernos aquí en la invasión rusa. Hay profesionales que conocen mucho mejor la cuestión y que les recomiendo seguir, como por ejemplo son María Sahuquillo (de El País), Xavier Colás (de El Mundo), Alberto Sicilia (para Público), Érika Reija (de TVE), nuestro compañero Argemino Barro, que aunque está en Nueva York conoce perfectamente Ucrania y ha estado sobre el terreno. También os recomiendo seguir a mi compañero Lucas Proto, que se encuentra en Lviv. Para todos los temas de energía os recomiendo a Javier Blas, de Bloomberg. También os sugiero seguir al jefe de la oficina del Financial Times en Moscú, Max Seddon. Y es muy recomendable seguir a Michael Kofman que esta semana ha escrito un hilo poco optimista sobre lo que estaba por venir en la guerra. 

Ellos son los expertos en español (y alguno en inglés) de esta crisis. Les recomiendo que encuentren un grupo de periodistas y analistas en los que confíen, y no se dejen llevar por los comentaristas, los que hablan sin conocimiento o los que solamente buscan alimentar a su audiencia y sus seguidores. Seguramente la cobertura sea menos espectacular, pero les aseguro que les va a acercar mucho más a la realidad. Una guerra no es un show. Desconfíen de cualquiera que lo presente, aunque sea de manera indirecta, como tal. Estos que les recomiendo son los expertos (algunos de ellos) y a ellos deben leer sobre la invasión, yo me voy a limitar a escribir aquí sobre la perspectiva europea y contarles lo que ha ocurrido en los últimos días. 

Repasaré rápidamente lo que ocurrió la semana pasada, cuando no hubo newsletter. La semana pasada se aprobó un primer paquete de sanciones cuando Putin todavía estaba construyendo su ‘casus belli’ a última hora del lunes, con un discurso lleno de agresividad y revisionismo histórico. Aquí podéis leer sobre el primer paquete. Hay que destacar lo rápido que se adoptaron (se acordaron en menos de 24 horas, estaban en marcha en menos de 48 horas). Luego llegó la invasión, en la madrugada del miércoles al jueves. Hacía solamente unas horas que Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, había convocado una reunión extraordinaria de líderes europeos. El belga no sabía que la invasión iba a comenzar en cuestión de horas, y de hecho algunas fuentes diplomáticas no entendían en un primer momento la convocatoria solamente horas después de haber aprobado el paquete de sanciones. 

Pero Rusia invadió y la cumbre se convirtió en el centro de atención. Los líderes acordaron los detalles de un segundo paquete de sanciones a lo largo de la madrugada del jueves al viernes y pusieron las bases de la estrategia europea: un largo y duro pulso económico contra Moscú. No conocíamos muchos detalles, pero sí sabíamos que la desconexión de Rusia de SWIFT, un sistema internacional de comunicaciones financieras, había quedado fuera por la oposición de países como Alemania o Italia. El paquete fue objeto de críticas como explicamos aquí

El viernes se fueron conociendo otros detalles, como que Vladímir Putin y su ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, habían sido incluidos en la lista. Aunque congelaba sus activos, no establece una prohibición de viaje a la Unión Europea, dejando abierta la posibilidad de diálogo.  

A partir del viernes la postura europea evoluciona rápidamente en lo que es uno de los grandes cambios que hemos visto en la Unión en los últimos años. El sábado por la noche Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, anuncia dos grandes golpes a la economía rusa: la desconexión de algunos de sus bancos de SWIFT y la paralización de los activos del banco central ruso en el exterior. Esos dos torpedos hicieron que el rublo se haya desplomado y que la bolsa de Moscú haya estado cerrada toda la semana, dejando a la economía rusa contra las cuerdas.

Pero sin lugar a dudas lo más novedoso es que el sábado por la noche Josep Borrell, Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, ya dejaba caer que en una reunión extraordinaria de ministros de Asuntos Exteriores que se celebraría el domingo habría una medida inédita: la propuesta de financiar con dinero europeo el envío de armas a un país tercero en guerra. “Si queremos paz en Europa, tenemos que apoyar al Ejército ucraniano, que no está defendiendo solamente a su país, está defendiendo la seguridad de Europa y el derecho internacional”, explicaba una fuente comunitaria el domingo. 

Se trata de un paso sin precedentes. Para ello se destinarán 500 millones del Fondo Europeo de Apoyo a la Paz (FEAP), que cuenta con una dotación de más de 5.000 millones hasta 2027. De estos, 450 millones se destinarán a armamento, y 50 millones a material no letal. Pero todo quedará bastante en manos de las capitales: Kiev envía una lista de sus necesidades y a nivel europeo se coordinará qué partidas son elegibles y quién se encarga de qué. Después cada Estado miembro será el encargado de decidir si quiere aportar armamento o solamente material no letal, y es su responsabilidad transportarlo. Después se reembolsará el coste desde el FEAP, y de manera retroactiva se reembolsará para aquellos países que han estado entregando armas desde el 1 de enero. 

¿Se trata del inesperado nacimiento de la Europa de la Defensa? Eso cree Michel. Por su parte Borrell ha señalado que es “el nacimiento de la Europa geopolítica”, no solamente por la cuestión del armamento, también por la rápida reacción, la visión común y la acción decidida. El domingo por la noche escribí sobre todos los importantes y repentinos cambios que estamos viendo en los últimos días, y que no se pueden entender sin la resistencia que los ucranianos están demostrando ante la invasión rusa.  

El lunes nos dejó otra sorpresa. No es solamente la Unión Europea la que está demostrando ser capaz de actuar mucho más rápido y de una manera mucho más contundente de lo esperado. En otro movimiento inédito, Olaf Scholz, canciller alemán, revisó buena parte de los pilares de la política exterior germana de las últimas décadas y también la postura de sus socialdemócratas (SPD) frente a Rusia. 

Fue un discurso histórico en el que el líder alemán se comprometió a una inversión de 100.000 millones de euros para la modernización del ejército, a superar el 2% del PIB de gasto en defensa que establece la OTAN, así como prometer el envío de armas a Ucrania, rompiendo la política alemana de no enviar material letal a zonas en conflicto. Podéis ampliar información aquí

El martes Volodímir Zelenski, presidente ucraniano, convertido ya en un símbolo de la resistencia ante Putin, habló ante el Parlamento Europeo por videoconferencia. Fue un discurso duro, emocional. “Estamos luchando por nuestros derechos, por nuestra libertad, por nuestras vidas, por nuestra supervivencia. Pero también estamos luchando para ser miembros de pleno derecho de Europa”, señaló el presidente en su discurso, haciendo referencia a la petición ucraniana de una adhesión “exprés” al club comunitario de la que hablaremos en la siguiente sección. Sobre su discurso podéis leer más en esta crónica que escribí para el periódico. 

Hasta el martes por la noche los embajadores permanentes negociaron los detalles sobre la lista de bancos excluidos de SWIFT (recuerden, ese anuncio que se hizo el sábado). La lista incluye a Bank Otkritie, Novikombank, Promsvyazbank, Bank Rossiya, Sovcombank, Vnesheconombank (VEB) y VTB Bank, pero deja fuera a Sberbank, el mayor banco ruso, y a Gazprombank, que es una entidad clave para el pago de los Estados miembros europeos a Rusia por su energía, pilar central de su economía. Esa es la razón, confesada por fuentes comunitarias, por las que ambos bancos quedan fuera del listado. En todo caso, las sanciones están haciendo daño, y en Bruselas calculan que el 80% del sector bancario se ve ahora afectado por las distintas medidas restrictivas. 

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, no tuvo ningún problema en airear que había sido Polonia la que había peleado especialmente a nivel de embajadores para lograr que esa lista fuera más ambiciosa. “Se supone que Sberbank y Gazprombank están exentos de las sanciones de la UE debido a su condición de ‘transacciones relacionadas con el suministro de energía a la UE’. Esto es inaceptable. Polonia exige sanciones para abarcar por completo a todas las entidades rusas a través de las cuales se financia la guerra”, escribía en Twitter unas horas después.

Siguiendo con esta recopilación de cosas que han ocurrido en los últimos días, el jueves los ministros del Interior acordaron activar la directiva de Protección Temporal, acordada en 2001 pero nunca utilizada. Eso hará que todos los ucranianos que huyen de la guerra tengan derecho de residencia, trabajo y acceso a sanidad y educación durante al menos un año, siendo prorrogable. No tienen tanta suerte aquellos que sean de países terceros pero que residan legalmente en Ucrania: ellos tendrán que probar que es así, y dependerá de los Estados miembros decidir si les aplican este estatus especial que se ha acordado, o se les da un estatus “adecuado” que esté recogido en la legislación nacional, lo que deja su situación en manos de unos países que no suelen ser muy acogedores con refugiados que no se parezcan a ellos. 

Y ese es uno de los elementos de este debate. Es Polonia, uno de esos países que se negó a recibir refugiados llegado a Grecia e Italia (hasta el punto de que el Tribunal de Justicia de la UE sentenció que ella junto a Hungría y República Checa habían violado el derecho de la Unión), el que está ahora abriendo sus puertas de par en par, impulsando que se acoja de manera masiva a cientos de miles, seguramente millones, de ucranianos que huyen de la guerra. El drama es que cuando no han sido ucranianos, sino sirios o afganos, la actitud ha sido totalmente distinta. Uno no puede regocijarse en la muestra de humanidad y de apertura de estos días sin el sabor amargo de cómo se ha tratado a otros por su religión y color de piel. 

La semana termina con dos reuniones de ministros de Asuntos Exteriores. La primera en la sede de la Alianza Atlántica y la segunda en el Consejo, aunque a este segundo encuentro acuden también algunos aliados de la OTAN. No se esperan grandes anuncios y sirve más bien para tomar el pulso a la situación y reafirmarse en las decisiones tomadas en los últimos días.

La Unión Europea ha sorprendido a propios y extraños en los últimos días. Ha actuado de manera rápida, decidida y contundente. Siempre hay cosas que mejorar, pero la reacción europea ha estado muy por encima de las expectativas. Conviene en todo caso analizar la situación con cautela porque con la Unión ocurren dos cosas: se suelen exagerar las noticias sobre su muerte, pero también suelen ser exagerados los anuncios de nuevas eras.

Manifestación de apoyo a Ucrania en Bruselas (Fuente: Parlamento Europeo)

La cuestión de la adhesión

He separado uno de los grandes asuntos de esta semana: la adhesión de Ucrania a la Unión Europea. Se trata de un tema delicado, porque la emoción ahora mismo está a flor de piel. Como saben, a lo largo del fin de semana Zelenski hizo una referencia a la necesidad de una entrada inmediata de Kiev en el club comunitario. La presidenta Von der Leyen, seguramente en un movimiento poco calculado, recogió el guante de manera demasiado entusiasta: “Ucrania es uno de los nuestros y los queremos en la Unión”.

En estos días hay pocas dudas de que Ucrania comparte los valores del club y que tiene una perspectiva europea (si queda algo de ella independiente y democrática tras la guerra). Hay pocas dudas de que los Veintisiete sienten una deuda con el país, y que este tiene los mimbres para en un futuro, si resiste al rodillo ruso, formar parte del club. Pero con un pueblo desesperado por el bombardeo de Moscú no ser claro sobre cómo es el proceso, dar alas a esperanzas que no se pueden ver correspondidas, es un error. 

Porque las cosas no son así de sencillas, no vale con que Von der Leyen diga que “los queremos dentro”. La entrada en la Unión Europea es un proceso complejo, que normalmente toma alrededor de una década. Se trata de un procedimiento por el cual se produce una “aproximación legislativa” lenta y tortuosa para que el corpus legal de la Unión y del futuro Estado miembro se acople. Y por otro lado de un proceso menos técnico, más abstracto, en el que se trabaja en el entramado institucional del futuro miembro del club. El Acuerdo de Asociación con Kiev había producido una cierta aproximación legislativa, pero Ucrania no está ni de lejos preparada para formar parte de la Unión. E incluso si lo estuviera, como hemos dicho, es un proceso lento. 

El país tenía, además, profundos problemas de corrupción y muchos otros campos en los que debía avanzar para poder empezar a mirar hacia la Unión. Sin embargo, hay consenso en Bruselas en que hay que hacer algún tipo de guiño a Ucrania. Ya se ha recibido en la capital comunitaria la petición de adhesión firmada por Zelenski (una imagen muy potente que pueden encontrar más abajo). Ese documento lo recibió el Consejo, que a su vez lo envió a la Comisión Europea para que emita su opinión sobre si Ucrania cumple con los criterios de Copenhague (criterios de adhesión). Si Bruselas considera que está en línea, el Consejo aprueba un mandato negociador para que comience el proceso de adhesión.

Aunque Ucrania no está lista para llegar a este punto, no esté en condiciones siquiera de ser candidato, parece claro que se le va a dar el estatus como un guiño hacia su resistencia ante el avance ruso y como una promesa de futuro.

Lo que también parece claro es que si Putin pretendía atar en corto a su vecindario, lanzando la amenaza de que cualquiera que se acerque a occidente puede ser agredido, está fracasando. La amenaza de Moscú no hace más que alimentar el deseo de acelerar el proceso de aquellos que estaban aproximándose hacia la Unión. El empuje ucraniano también ha llevado a Moldavia y Georgia a pedir la adhesión este jueves. Si quieren estar protegidos ante una posible agresión rusa, su seguro es formar parte de la UE e intentar formar parte de la OTAN. Es una de las principales lecciones de esta crisis y la están aplicando. 

Pero de nuevo, Bruselas y los Veintisiete deben ser extremadamente claros: la adhesión es un proceso lento. Debe serlo. No solamente por la propia Unión, para garantizar que el nuevo Estado miembro. Imaginen una adhesión rápida, sin la suficiente integración económica, sin el trabajo por mejorar esos países antes de entrar en la Unión. Se traduciría, a lo largo de los años, en una fuga de cerebros hacia otros países europeos que tendría un efecto devastador sobre los nuevos Estados miembros. 

Además, la cuestión de la adhesión es muy divisiva. En el bloque del este, liderado por Polonia, hay voces que ven en ella una herramienta para estabilizar la región. Pero en el núcleo duro de la Unión, en el selecto club de los fundadores, no se ve así. Ya se suele pensar que la expansión hacia el este, que se produjo de manera rápida impulsada precisamente por un discurso de deuda histórica hacia los países que habían quedado al otro lado del telón de acero, fue un error. Y en París, por ejemplo, no tienen ninguna intención de repetirlo. Es cierto que las circunstancias son excepcionales, que estamos viendo cosas que hasta ahora no pensábamos que fuéramos a ver, pero esto es ir mucho más allá. 

Y esto por no hablar de que hay ya un proceso especial para los Balcanes con una lista de espera bastante larga: son países candidatos Serbia, Albania, Montenegro y Macedonia del Norte, y se les ha considerado el estatus de potenciales candidatos a Kosovo (no reconocido por varios Estados miembros, entre ellos España) y a Bosnia y Herzegovina. Además, como saben, Turquía también tiene ese estatus. El efecto desmoralizante que sobre estos países podría tener ver que otros potenciales candidatos les adelantan por la derecha, o bien se les acercan en cuestión de muy poco tiempo mientras ellos llevan más de una década de lento camino, podría ser también muy negativo para la Unión en una zona clave para su futuro y que también es muy inestable. 

Firma de la solicitud de adhesión a la Unión Europea (Fuente: Denys Shmyhal, primer ministro de Ucrania)
Cajón de sastre
  • Russia Today: una de las decisiones más comentadas en los últimos días ha sido la de prohibir la emisión de la famosa televisión rusa Russia Today y también de Sputnik. Lo anunció durante el fin de semana Von der Leyen junto a Borrell, que explicó que con esta medida se le cortaba “la cabeza a la serpiente”, pero sin lugar a dudas ha sido una de las medidas más polémicas de las tomadas por la Unión en la última semana. Se le considera una pieza clave de la maquinaria propagandística del Kremlin y no es la primera medida que se toma en esta dirección, porque en el primer paquete de sanciones (ese que se aprobó cuando Putin reconoció Donetsk y Luganks) se incluyó a Margarita Simonyan, que es la editora jefa de la versión en inglés del canal Russia Today (RT). Este miércoles se hizo efectiva, siendo bloqueada no solamente su emisión, sino también sus perfiles en redes sociales. 
     
  • Criptomonedas contra sanciones: en la Unión Europea se sospecha que se están utilizando las criptomonedas para evadir las sanciones contra Rusia. Fue el mensaje que envió este miércoles a los ministros de Finanzas la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), la francesa Christine Lagarde. El objetivo ahora es identificar si efectivamente están sirviendo para esquivar las sanciones y decidir de qué manera se puede poner remedio. Para Lagarde la cuestión está clara: las criptomonedas son activos, y por lo tanto deben estar congelados para aquellas personas sancionadas. 
     
  • Impacto económico: nadie duda de que la guerra en Ucrania va a tener un impacto sobre la economía europea. Las sanciones a Rusia, que están ahogando su economía, también van a afectar a la de la Unión Europea. No puedes hacerle daño al bolsillo de Moscú sin dañar también el tuyo. Pero los líderes han decidido que es un precio que están dispuestos a pagar, aunque son muchos los que piden que se tomen medidas para amortiguar el impacto. “Urgimos a la Comisión Europea a desarrollar un paquete de medidas para limitar el impacto económico (de las sanciones)”, ha pedido Alexander de Croo, primer ministro de Bélgica. Nadia Calviño, vicepresidenta económica del Gobierno, también ha hablado de ello esta semana, subrayando que las medidas contra Rusia tendrán efectos adversos. “Se trata de una situación grave que tiene un impacto desde el punto de vista económico y de la evolución de los precios. Lo digo para que no quede, desde ese punto de vista, ninguna duda”, explicó tras una reunión de ministros de Finanzas de la UE. Algunos expertos piden ya que se empiece a hablar de un “Fondo de Recuperación”, con emisión de deuda conjunta, pensado para hacer frente a los efectos de esta crisis. Pero a nivel diplomático hay poco apoyo a una medida así, y se buscan soluciones en el marco ya existente. 
     
  • ¿Recuerdan las reglas fiscales?: pero aunque hay seguridad en que las medidas contra el Kremlin tendrán efectos negativos sobre la economía europea, es todavía demasiado pronto para saber cómo de grave será el impacto, según ha explicado esta semana Paolo Gentiloni, comisario de Economía, que ha subrayado que en las próximas semanas sus técnicos analizarán la situación para intentar llegar a una conclusión y poder actualizar sus previsiones económicas. Y estas jugarán un papel muy importante en la reactivación de las normas fiscales, es decir, la suspensión de la cláusula de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Como recordarán, tras haberse congelado las reglas fiscales en 2020 para hacer frente a la pandemia, Bruselas ya había establecido que estas volverían a aplicarse en 2023, una vez lo peor de la pandemia había pasado. Pero la actual situación ha obligado al Ejecutivo comunitario a reevaluar si de verdad es momento de volver a activarlas. “Nuestras proyecciones actuales indican que la cláusula de escape general se desactivará a partir de 2023. Pero, en vista de la incertidumbre, volveremos a evaluar esto en la primavera”, ha señalado el vicepresidente ejecutivo Valdis Dombrovskis. Podéis leer más sobre ello aquí.  
     
  • Estado de derecho: como recordarán, después de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en el que se confirmaba la legalidad del mecanismo de condicionalidad, ese que permite cortar los fondos europeos a países que ataquen el estado de derecho si esa agresión pone en riesgo los intereses financieros de la Unión, la Comisión Europea dijo que había que esperar, que tocaba publicar unas directrices sobre su aplicación, a pesar de que este mecanismo lleva aprobado más de un año y que la sentencia del TJUE era previsible. Esas directrices se han publicado este miércoles y podéis leerlas aquí
     
  • Pero ahora es mal momento: la pregunta que se hace todo el mundo es la misma. Vale, si para poder actuar contra Hungría (porque, como explicamos ya aquí hace algunas semanas el caso contra Polonia es más complejo) había que esperar a que las directrices estuvieran publicadas, ¿cuándo actuará la Comisión ahora que ya están encima de la mesa? Pues no parece que sea el momento. En principio en Bruselas no se quiere abrir una guerra contra Hungría en un momento en el que se necesita a Budapest alineado con el resto de la Unión para poder seguir actuando contra Rusia que, por cierto, tiene en Hungría uno de sus mejores aliados dentro del club. Así que no esperamos que se avance contra Budapest pronto, a pesar de que es un caso muy sólido y ya muy trabajado. Ya incluso antes de que comenzara la guerra de Ucrania había voces dentro de la Comisión que señalaban que dar ese paso ahora alimentaría la campaña del autoritario primer ministro Viktor Orbán, dándole votos en las elecciones legislativas que se celebran a principios de abril. El caso contra Polonia se complica todavía más, con Varsovia siendo uno de los principales “halcones” contra Moscú en esta crisis y abriendo sus puertas a los cientos de miles de refugiados ucranianos. Lo explican en este artículo de Politico. 
     
  • Negociaciones con Irán: mientras todo el mundo mira a Ucrania y la resistencia de los ucranianos, los negociadores del acuerdo nuclear de Irán han pasado los últimos días enfrascados en conversaciones largas, duras y difíciles en Viena pero que les han acercado a un acuerdo importante y necesario con Teherán. Recordarán que este pacto, inicialmente alcanzado en 2015 y la joya de la corona de la política exterior europea, sufrió un duro golpe cuando Donald Trump, presidente americano, anunció la salida de Washington del mismo. Desde entonces el objetivo de Bruselas fue mantenerlo vivo esperando a que una nueva administración americana reconsiderará la decisión de Trump. Eso es lo que ha ocurrido. El papel del español Enrique Mora ha sido crucial en las conversaciones. "Es posible llegar a un acuerdo en Viena, pero no está garantizado. No debemos perder la oportunidad antes de que se cierre la ventana diplomática. Ahora debemos caminar los últimos metros", ha escrito este viernes la negociadora británica, Stephanie Al-Qaq.
     
  • Marion y Eric: la sobrina de Marine Le Pen y a la que se consideraba desde hace tiempo una estrella emergente de la extrema derecha, Marion Maréchal, participará este fin de semana en un acto de campaña del otro candidato de extrema derecha que le disputa el terreno a Le Pen, Éric Zemmour, lo que representa un duro golpe (otro) para la candidata tradicional de la derecha radical francesa, que ya lleva tiempo sufriendo una auténtica sangría ante Zemmour. Por cierto que solamente ahora Emmanuel Macron, presidente francés, ha anunciado que participará en las elecciones presidenciales de abril, algo que se daba por hecho pero que el líder galo todavía no había anunciado, provocando ataques de sus contrincantes políticos que le acusan de haber estado haciendo campaña encubierta desde su cargo. 
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