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Número 104 - Bruselas, 4 de febrero de 2022



Es viernes y este es el número 104 de Nexo Europa, la newsletter semanal de actualidad y análisis de asuntos europeos. Aunque han sido días tranquilos por aquí aprovecharemos esta semana para repasar bastantes temas de la agenda.  
 



Buscando energía

Volvemos, como cada semana últimamente, a hacer un minuto y resultado de la tensión con Rusia. Se han intensificado los contactos diplomáticos, los viajes a Kiev por parte de líderes occidentales, y también las llamadas con Vladimir Putin, presidente ruso. Una fuente diplomática bromeaba la semana pasada sobre que aquello (la capital ucraniana) iba a parecer un confesionario. Y efectivamente: ha aparecido por allí una delegación del Parlamento Europeo, el primer ministro británico Boris Johnson, su homólogo holandés Mark Rutte y hasta Valdis Dombrovskis, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea, para oficializar la aprobación de los 1.200 millones de euros en ayudas (en forma de créditos y transferencias) para Kiev. 

El que no se pasó de visita por Ucrania fue Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, que visitó Moscú para reunirse el martes con Vladimir Putin, presidente ruso. El viaje estaba previsto y se confirmó a mediados de enero. Orbán, que lanzó su carrera política en una oposición frontal a Rusia y a Moscú por el yugo impuesto sobre Hungría en los años soviéticos, cambió de actitud en su vuelta al poder, que comenzó en 2010. Desde entonces suavizó el tono y empezó a mantener unas relaciones cordiales con el presidente ruso que se mantienen hasta hoy. 

Aunque finalmente votó a favor de las sanciones contra Rusia por la anexión ilegal de Crimea en 2014, lo cierto es que el primer ministro húngaro siempre se mostró contrario a las mismas, y sus enfrentamientos con Ucrania por la minoría lingüística húngara son conocidos. Así que desde el principio se ha identificado a Budapest como uno de los eslabones débiles en la Alianza Atlántica, y por eso no ha extrañado a nadie que la OTAN haya atado en corto al líder magiar al conocerse su visita. Llamada de Jens Stoltenberg, secretario general (por cierto, se convertirá en el nuevo gobernador del banco central de Noruega cuando abandone su actual cargo y la OTAN escogerá un nuevo líder en la cumbre de Madrid), el lunes antes de su vuelo, y visita ese mismo día del ministro de Defensa británico a Budapest. 

Pero, ¿cuál era la agenda de Orbán en Moscú? El primer ministro de Hungría señaló que por supuesto hablarían de seguridad, y que Budapest apuesta por la paz en Europa. Pero en realidad todo eso era secundario. Orbán estaba en Moscú precisamente para hacer lo contrario a lo que el resto de la Unión intenta: el húngaro quiere más dependencia energética del Kremlin. Quiere más gas y, sobre todo, quería hablar de la nueva central nuclear del país y que Budapest ha encargado a la empresa pública atómica rusa Rosatom. 

Hablemos ahora de esta cuestión desde la perspectiva europea. Como saben, la dependencia energética de la UE respecto a Rusia es su talón de Aquiles en caso de tener que aplicar fuertes sanciones contra Moscú si hay una agresión a Ucrania: el 40% del gas importado proviene de Rusia. El escenario de que el Kremlin corte por completo el flujo de la llegada de gas a Europa parece remoto, sin embargo en la capital comunitaria sí que se baraja la posibilidad de que el Gobierno ruso reduzca al mínimo el envío, cumpliendo con los contratos firmados pero haciendo que la Unión note las consecuencias. Así que las cosas se están empezando a mover.

El pasado viernes, cuando ya se había enviado la anterior edición de Nexo Europa, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Joe Biden, presidente norteamericano, emitieron un comunicado conjunto sobre la cooperación de ambos bloques para garantizar la seguridad energética de Europa. El próximo 7 de febrero Josep Borrell, Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, viajará al otro lado del Atlántico junto a Kadri Simson, comisaria de Energía, donde se reunirán en un Consejo de Energía entre Estados Unidos y la Unión Europea (ya estaba previsto, aunque el momento no podía ser más adecuado) con este tema en el centro de la agenda.

Por supuesto, Estados Unidos está muy interesado en que la Unión Europea compre su gas natural licuado (GNL). Pero los americanos no pueden ni soñar con cubrir las necesidades europeas (ya son el máximo exportador) y, además, ya están prácticamente en el límite de producción, como explicaba aquí mi compañero Lucas Proto ante una persona que sugería que en realidad la crisis de Ucrania está fabricada por Washington para vender más gas a Europa. Y no es sencillo ampliar la capacidad de producción. La importancia del GNL ante la escasez de gas desde Rusia queda patente en este gráfico (abajo) del The Economist. En todo caso, el gas natural licuado, hoy por hoy, representa entre el 20% y el 25% de las importaciones europeas de gas, de manera que tendría que aumentar de manera muy significativa, además de disparar las importaciones desde Noruega (que se encuentra en el entorno del 35%) para llegar a cubrir el agujero creado por Rusia. 

Catar es una pieza clave en los contactos para encontrar nuevas fuentes de GNL. Hasta ahora el emirato sigue mirando hacia el este a la hora de exportar, y el objetivo es hacerle virar y ganar importancia en la cartera de importaciones europeas. Von der Leyen y Biden, por separado, están teniendo conversaciones con los cataríes, como también está haciendo Simson, que a finales de esta semana ha viajado hasta Azerbaiyán. Oficialmente su misión es participar en una reunión ministerial en Bakú, pero el objetivo de la comisaria de Energía es estudiar hasta qué punto podría convencer a Azerbaiyán de aumentar el bombeo hacia Europa en caso de que Rusia cortara el suministro. Es una operación compleja y muestra hasta qué punto la situación es sensible: Bakú es un aliado natural de Moscú y tendría mucho cuidado para no tocar la fibra sensible del Kremlin. 

En este momento esta es la partida realmente importante para Europa. Como pueden ver en el gráfico superior de Bruegel, es fundamental buscar rápido otras vías para importar gas ante la posibilidad de que Rusia deje de bombear hacia Europa. Un escenario de bajas importaciones sin Rusia sería desastroso (la línea más baja) si el invierno se alarga y es frío. No parece que nos encontremos en ese escenario en este momento, pero la preocupación es evidente, especialmente porque hubo una gran demanda en la primera mitad de 2021 lo que impidió engordar el colchón de reservas, como se puede ver en el gráfico de abajo, aunque los expertos creen que la Unión tiene reservas suficientes como para aguantar el tramo más frío de lo que queda de invierno hasta la llegada de la primavera. 

Conexión del gasoducto que une Moldavia con Rumanía. (Fuente: Comisión Europea)

Italia gatopardiana 

Un gran espectáculo pirotécnico para mantener las piezas donde estaban. Eso es lo que ha vuelto a hacer la clase política italiana. Tras seis días de votaciones para escoger al sucesor de Sergio Mattarella al frente del Estado, los poco más de 1.000 representantes reunidos en el Montecintorio de Roma, entre diputados, senadores y representantes regionales, han elegido… nada. 

La solución al bloqueo que se estaba viviendo fue elegir lo que ya estaba. Mattarella, de 80 años, que soñaba con la jubilación, tiene que permanecer en el Quirinale, en el que reside desde 2015, al menos durante unos años más. Un servidor del Estado desde hace décadas, juez, diputado, ministro y miembro del Constitucional, la clase política le debe una jubilación digna, así que lo que se maneja en Roma es que el actual presidente no agote su mandato (de 7 años) y abandone el cargo una vez se hayan celebrado las elecciones generales de 2023 y haya un nuevo Parlamento con nuevas dinámicas y una nueva mayoría que permita escoger a un sucesor. 

Que Mattarella permanezca en el cargo significa que la otra figura fundamental de este baile de sillas permanece también en la suya: Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo (BCE) que desde 2021 lidera un Gobierno en el que participan todos los grandes partidos políticos salvo los derechistas de Fratelli d’Italia, seguirá en el cargo de primer ministro y podrá así finalizar la legislatura. Con ello, el economista romano podrá seguir implementando el plan de recuperación italiano y las reformas que tanto espera el resto de la Unión Europea. 

Pero la voluntad de Draghi era sustituir a Mattarella. Es a lo que él siempre ha estado destinado. Además sabe que la fractura que hay en el Consejo de Ministros (donde hay miembros de partidos que se odian, que ya afilan los cuchillos para las próximas elecciones y que pelean por la supervivencia de su bloque político tras los próximos comicios) hace cada vez más difícil la tarea de gobernar y de aplicar las grandes reformas que tenía en la cabeza cuando se hizo cargo del Gobierno. 

Pero nadie tenía un apetito real por situarlo en el Quirinale, porque hacerlo iba a traducirse en unas elecciones generales: bien por la imposibilidad de encontrar a un sucesor, o bien porque el que se hiciera cargo del Gobierno sería incapaz de mantener unido al Consejo de Ministros. El bloque de izquierdas del Gobierno, compuesto por los socialdemócratas del PD y los antiestablishment del Movimento 5 Stelle (M5S) no tiene ningún apetito por unas elecciones con mala pinta para ellos. La Lega de Matteo Salvini todavía está intentando aprender a gestionar el crecimiento de la formación liderada por Giorgia Meloni, FdI, que está subiendo en las encuestas sobre la ola de ser el único partido que hace oposición al Gobierno. Unos y otros tienen razones para apostar por el statu quo. Al menos un poco más.

Aunque los mercados han recibido con los brazos abiertos el resultado de este bloqueo, como también muchos socios europeos entre los que se encuentra España (y ahora hablaremos un poco más de esto) el resultado final es una fotografía perfecta de la parálisis en la que se encuentra la clase política italiana: sigue siendo conspiradora y asustadiza, apostando siempre por lo que ya hay hasta que se desmorona de manera espectacular y rápida. 

En todo caso países como Francia o España se alegrarán de mantener en Roma a un aliado natural y fiable en el difícil debate de la reforma de las normas fiscales, en el que el peso de Draghi es todavía mayor del que tendría cualquier otro primer ministro italiano. Los próximos meses serán claves para esa reforma de las reglas que se quiere dejar encaminada antes de que termine el año y que dará forma a la gobernanza económica de la Unión en el futuro. Pero 2023 (y con él las elecciones) se acerca mucho más rápido de lo que parece, y el hecho de que Italia sea incapaz de elegir a un sucesor capaz, que se quede paralizada y bloqueada, no es una buena noticia. Aunque Italia sigue siendo Italia: al final, por inverosímil que parezca, suelen acabar encontrando una solución.

La presidenta de la Comisión Europea saluda al presidente de la república italiana. (Comisión Europea)

Bruselas apuesta por el gas y la nuclear 

Esta semana la Comisión Europea ha lanzado ya el acto delegado en el que la nuclear y el gas formarán parte de la etiqueta verde de la taxonomía. ¿Qué quiere decir eso? Pues que bajo una serie de “estrictas condiciones”, como señalan desde la institución, proyectos que incluyan energía nuclear o gas podrán ser considerados como sostenibles para los inversores. Bajo esas condiciones las centrales nucleares que sean construidas hasta 2045 podrán seguir siendo consideradas sostenibles. En el caso del gas podrá seguir optando a ser sostenible durante la próxima década siempre que sustituya el uso de fuentes todavía más contaminantes y que sus emisiones directas sean menores a los 270 gramos de CO2 por kilovatio/hora. Podéis encontrar más información en el artículo que publicamos en El Confidencial

La taxonomía es una especie de etiquetado para que los inversores sepan que están metiéndole dinero a un proyecto que cumple con los objetivos climáticos, y es una de las piezas clave para la transición ecológica, que no se puede lograr sin el impulso de la inversión privada. Les recomiendo que lean esta tribuna que escribió en nuestro periódico Jonás Fernández, eurodiputado socialista, que explica la cuestión con mucho detalle y conocimiento de causa. 

La medida ha sido enormemente criticada desde distintos sectores. Uno de ellos siendo la Eurocámara, donde la familia socialista junto a la ecologista de Los Verdes son los más críticos, como podrán comprobar si leen el artículo de Jonás. Pero hay muchos Estados miembros muy enfadados. España, Luxemburgo, Dinamarca y Austria conforman el núcleo duro de ese enfado, asegurando que la Comisión está poniendo en riesgo la credibilidad del sistema de etiquetado verde y, por lo tanto, arriesga la financiación necesaria para garantizar la transición ecológica. En un comunicado conjunto lo calificaron de “paso atrás” en el camino de la UE hacia la neutralidad climática. 

En la Comisión saben bien que el asunto era sensible. Tanto que decidieron enviar el borrador a diplomáticos, técnicos y expertos a pocos minutos de la medianoche del 31 de diciembre de 2021. El cabreo desde entonces no ha hecho más que crecer. Ese envío, en ese momento, escenificaba una manera de actuar. El intento, arguyen desde los países más críticos, de intentar forzar a que las capitales que no ven bien este reglamento acaben tragándolo. 

Bruselas ha hecho un ejercicio de equilibrismo político. La cuestión de la inclusión de la nuclear y el gas en el etiquetado verde llevaba sobre la mesa durante un tiempo, pero la Comisión siempre lo iba retrasando. Es importante anotar que no eran un paquete cerrado, es decir, que una fuera considerada sostenible no significaba que la otra lo fuera automáticamente. Francia lideraba un grupo de Estados miembros, que incluían por ejemplo a República Checa o Hungría, que apostaban por la nuclear como una energía verde. Alemania se oponía frontalmente, aunque favorecía que el gas tuviera manga ancha. Como una propuesta de la Comisión no puede tener a todos en contra, una solución de compromiso era a la que se ha llegado: ni para uno ni para otro, para los dos. Un papel para la nuclear y para el gas. En Berlín algunos sectores siguen mostrándose contrarios, pero ya son menos vocales y sus críticas son menos duras. 

Si los ataques hacia la Comisión están bien fundados, desde el Ejecutivo comunitario se quejan amargamente de un debate que, aseguran, se está convirtiendo en binario. No les falta algo de razón. Como señalan la mayoría de los que conocen el asunto, la nuclear y el gas deben tener un papel de transición y eso debe quedar claro. En Bruselas están de acuerdo: no se dice que sean energías verdes, pero son necesarias para garantizar la transición. Los críticos aseguran que no es ese el mensaje que se está enviando, que la propuesta del Ejecutivo comunitario lo mezcla todo y pone en riesgo la estrategia de la taxonomía. 

Pero políticamente Bruselas tiene ahora que pagar el precio de haber seguido impulsando un asunto sobre el que hay unas enormes divisiones. Incluso dentro de la propia casa. Los comisarios de nacionalidad portuguesa, austriaca y española (ese es Borrell) votaron en contra de la propuesta en el colegio de comisarios (recuerden que no están en la Comisión en representación del Estado miembro, por eso digo lo de "de nacionalidad"), a pesar de que estos encuentros suelen ser relativamente pacíficos y con poco nivel de enfrentamiento y división. Otros miembros del colegio se mostraron dubitativos. Pero salió adelante. Igualmente, la Comisión parece decidida a avanzar independientemente de las críticas. 

Estas están siendo durísimas por el fondo y por la forma. El que sea un acto delegado es relevante, porque frenar la propuesta del Ejecutivo comunitario ahora es complicado. El Consejo se puede ir olvidando de ello: haría falta que 20 Estados miembros que representen al 65% de la población de la UE vote en contra. Los números no salen. Pero la Eurocámara puede pararlo con una mayoría absoluta, y es ahora en esta institución en la que se concentra la batalla. El Partido Popular Europeo (PPE) no está del todo contento con la propuesta, pero parece que la mayoría votarán a favor. Renew Europe, los liberales, suelen seguir el ritmo marcado desde el Elíseo, así que probablemente se alinearán a favor. 

El ministro de Energía luxemburgués, Claude Turmes, ha criticado que se le dio a la Comisión Europea los poderes para gestionar esto a través de actos delegados para tomar una decisión tan relevante. En una entrevista con Politico señaló que la cuestión de la nuclear y el gas no se encontraba en la legislación de la taxonomía, y que esta inclusión cambia de manera significativa el escenario. En concreto, acusó al Ejecutivo comunitario de estar usando “legislación secundaria para pasar algo de contrabando a la legislación primaria”.

Hasta el grupo de expertos que asesoran a la Comisión Europea en este sentido se mostró contrario a que se incluyeran la nuclear y el gas en la taxonomía en un informe de más de 40 páginas. Una vez el Ejecutivo comunitario hizo pública su propuesta de acto delegado volvieron a insistir en su negativa e incluso han asegurado que los criterios son todavía más laxos que en el anterior borrador al que ya se oponían. 

Cajón de sastre
  • Costa arrasa en Portugal: la elecciones generales de Portugal, esas que la semana pasada contamos que las encuestas mostraban como una carrera ajustada, han terminado con Antonio Costa, actual primer ministro y candidato de los socialistas, arrasando en las urnas, obteniendo la mayoría absoluta y uno de los mejores resultados del bloque socialdemócrata en la Unión Europea en los últimos años. No necesitará así el apoyo de comunistas y del Bloco, que forzaron las elecciones anticipadas en una apuesta que ha demostrado ser un auténtico error y que confirma así a Costa como uno de los líderes más sólidos en estos momentos en la Unión Europea. 
     
  • Radar económico: esta ha sido una semana con muchísimos datos económicos. El último trimestre de 2021 no fue bueno para la Eurozona: con un raquítico crecimiento del 0,3% (a nivel de la UE en general el dato no fue mucho mejor, solamente del 0,4%) frente al 2,2% del trimestre anterior, la zona euro terminó el año registrando una expansión del 5,2%. La buena noticia es que el PIB vuelve a niveles prepandémicos (aquí España va más retrasada que el resto de Estados miembros) y que los datos muestran el mayor crecimiento desde 1971 tras el hundimiento récord provocado por la pandemia en 2020. Fue el fuerte crecimiento de España (2%), Italia (0,6%) y Francia (0,7%) el que ha acabado por salvar la jornada y compensar la contracción que se ha registrado en las economías de Alemania (-0,7%) y Austria (-2,2%). Los datos austriacos indican que, por lo pronto, los próximos meses seguirán estando protagonizados por un crecimiento débil: las medidas contra la pandemia siguen afectando de manera directa al PIB, como demuestra la mano dura impuesta por Viena para controlar los contagios. De esta manera los expertos esperan que el crecimiento vuelva a coger más fuerza una vez se hayan terminado de levantar las restricciones en los distintos países europeos (algo que ya está ocurriendo cada vez en más Estados miembros a pesar del aumento de los casos relacionados con ómicron, como señala este interesante hilo de Twitter sobre el caso danés). El otro dato fundamental de la semana ha sido la inflación en el mes de enero en la Eurozona, que alcanzó un récord del 5,1%. Y eso activó las alarmas en Frankfurt. 
     
  • El gañido del halcón sobre Frankfurt: saltó la sorpresa en la reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE). Las cosas se quedan como están, pero el tono de Christine Lagarde, presidenta del eurobanco, es muy distinto y por primera vez no ha descartado una posible subida de los tipos de interés por el que apuestan con fuerza desde el Bundesbank. ¿La razón? La inflación es más fuerte y consistente de lo esperada (como venimos contando desde hace tiempo) y los nervios empiezan a estar a flor de piel. Los mercados estaban esta semana apostando por dos subidas de tipos este año. Eso, según analistas y expertos que siguen de cerca la actualidad del eurobanco, es improbable. Por lo pronto habrá que esperar a que termine el programa de compra de deuda, que se extiende por ahora hasta octubre, lo que pone todos los ojos sobre diciembre de 2022 como la posible fecha para esa subida. En marzo el BCE revisará sus previsiones de inflación y estas resultarán ser claves para ver en qué dirección se dirige el debate los próximos meses. Podéis leer un muy buen análisis que llevamos hoy en el periódico (para suscriptores) pinchando aquí
     
  • Macron baja al nivel de los ministros: los ministros de Justicia e Interior de la Unión Europea han celebrado esta semana una reunión informal en Lille como parte de la agenda de la presidencia francesa. El tema migratorio volvió a estar sobre la mesa. Y Emmanuel Macron, presidente galo, participó en una cena con los ministros para insistir en su plan de una reforma del código de fronteras Schengen para que sea más flexible y capaz de hacer frente a la inmigración y el terrorismo y que incluya una especie de “Eurogrupo de Schengen” (como ya existe una reunión de ministros del euro). La medida no es demasiado popular entre muchos eurodiputados y entre algunos Estados miembros que consideran que es un nuevo paso para dejar más aislados a los países de primera línea. Es muy extraño que un líder baje al nivel de los ministros para presentar un proyecto concreto. Algunos señalan que forma parte de esa estrategia electoral de Macron de mezclar la presidencia del Consejo de la UE con las elecciones presidenciales de abril, en las que precisamente la migración es uno de los puntos clave. 
     
  • Las luchas intestinas de la izquierda francesa:  la izquierda acude dividida a las elecciones presidenciales francesas y la candidata socialista, Anne Hidalgo, alcaldesa de París, no logra levantar cabeza en las encuestas. Ese es el contexto en el que Christiane Taubira, antigua ministra de Justicia, ha ganado las llamadas “primarias populares”, una iniciativa ciudadana que busca poner a un solo candidato al frente de una candidatura unificada de izquierdas. Aunque no dieron su consentimiento para que su nombre fuera incluido en la votación, Hidalgo ha quedado quinta por detrás de otros candidatos como Jean-Luc Mélenchon (de Izquierda Insumida) o Yannick Jadot (el eurodiputado verde que se enfrentó a Emmanuel Macron en el Parlamento Europeo). La candidata socialista ha asegurado que va a continuar con su campaña hasta el final, y Mélenchon y Jadot rechazan la validez del proceso porque tampoco ellos dieron su consentimiento. Sin embargo, en las bases de la izquierda francesa aumenta la inquietud y se ve cada vez como más necesario el unificarse en una sola lista. De hecho fue idea de la propia Hidalgo celebrar unas primarias de toda la izquierda, algo que fue rechazado por sus colegas. 
     
  • Reunión de extrema derecha en Madrid: una de las principales candidatas en esas elecciones francesas, Marine Le Pen, estuvo el fin de semana pasado en Madrid en una reunión de los ultraconservadores europeos en los que participaron también Santiago Abascal, de Vox, junto a los primeros ministros de Hungría, el ya mencionado Orbán, y Mateusz Morawiecku, de Polonia ,como principales invitados. La reunión mostró hasta qué punto la extrema derecha europea se encuentra dividida en lo que se refiere a las relaciones con Moscú. Mientras para Varsovia el Kremlin representa uno de sus principales enemigos, Orbán y Le Pen tienen una relación estrecha con Rusia. De hecho, aunque en el comunicado final se hacía una mención a la tensión en la frontera con Ucrania culpando a Moscú del empeoramiento de la situación, Le Pen eliminó esa parte del texto que subió a su página web. 
     
  • Brexit returns: en un nuevo revés para el buen despliegue y funcionamiento del Protocolo de Irlanda, que permite que no exista una frontera física que divida Irlanda del Norte de la República en el sur a cambio de que se realicen controles aduaneros en Belfast para los envíos que lleguen desde el Reino Unido, el ministro de Agricultura norirlandés anunció esta semana la suspensión unilateral de los controles aduaneros a productos agroalimentarios que fueron acordados como parte del acuerdo. El Gobierno británico lleva un tiempo alimentando la posibilidad de que Belfast sea el que rompa la legalidad internacional al detener los controles. Paul Givan, ministro principal de Irlanda del Norte y perteneciente al DUP, dimitió en la tarde del jueves tras los movimientos de su ministro de Agricultura. Tanto los unionistas como el Sinn Féin, con el que comparten Gobierno y que apuesta por una relación más estrecha con la República, están ahora pidiendo elecciones anticipadas en el Ulster. Estaban previstas para mayo.
     
  • Cooperación parlamentaria post Brexit: la semana pasada el Parlamento británico escogió a los 35 diputados que participarán en la asamblea parlamentaria de la UE y el Reino Unido que servirá para coordinar a nivel parlamentario las relaciones entre ambos bloques y el acuerdo post Brexit. Muchos de los británicos que formarán parte de la delegación tienen un largo historial contra la salida de la Unión Europea. Entre ellos el propio presidente de la delegación, el conservador Oliver Heald. Por el lado de la Eurocámara la delegación estará liderada por la liberal francesa Nathalie Loiseau. 
     
  • Negociación Belgrado - Prístina: según el ministro de Asuntos Exteriores serbio, Nikola Selaković, las negociaciones entre Serbia y Kosovo, una región que declaró unilateralmente su independencia en el 2008 y que tiene el reconocimiento de todos los Estados miembros de la Unión Europea salvo cinco socios (entre ellos España), se está deteriorando desde que Albin Kurti se convirtió en el primer ministro kosovar. El diálogo Belgrado - Prístina es fundamental, porque es la única vía para que el Gobierno serbio reconozca la independencia kosovar y hasta que ese pulso no esté resuelto Serbia no puede aspirar a entrar en la Unión Europea. España, que se ha mostrado siempre como el principal ‘halcón’ en este asunto, manteniendo las posturas más duras contra Prístina (recuerden aquella vez que Rajoy no participó en una cumbre con los Balcanes en Sofía porque estaba sentado en la misma mesa el líder kosovar, a pesar de que el representante serbio no tuvo problema en participar en el encuentro), ha flexibilizado su posición en los últimos tiempos y ha señalado la necesidad de una solución acordada entre las dos partes. “Nuestra posición, que no se puede cambiar, es que siempre estamos listos para sentarnos en la mesa de negociación y hablar. Claramente, desde que se puso a Kurti a cargo en Prístina, no ha habido ningún diálogo, y probablemente no lo habrá mientras él mande”, ha señalado en una entrevista Selaković. Estos días han estado de visita en Prístina los enviados de Bruselas y Washington para facilitar el diálogo. 
  • La situación sigue empeorando en Malí: la semana pasada contábamos que Dinamarca sacaba a sus fuerzas armadas de Malí por petición de la junta militar que se había hecho con el control del país. A lo largo de los últimos meses hemos hablado en otras ocasiones del deterioro de la situación en el área del Sahel y en concreto en Malí, donde ha ido creciendo un sentimiento antioccidental de manera rápida en los últimos tiempos. Esta semana Bamako ha dado un paso más y ha expulsado al embajador francés del país. Podéis leer más (en francés) aquí. En octubre dediqué la columna europea precisamente a la situación en el Sahel, la guerra interminable de Europa con la que solamente hay dos opciones: mantenerla de forma indefinida o abandonarla. La junta maliense parece estar descubriendo otra forma.  

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