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Número 108 - Versalles (Francia), 11 de marzo de 2022


Una newsletter de Nacho Alarcón. Puedes suscribirte aquí

Es viernes y este es el número 108 de Nexo Europa, la newsletter semanal de actualidad y análisis de asuntos europeos. Todo, absolutamente todo, sigue girando sobre la invasión rusa de Ucrania. Seguirá siendo así durante bastante tiempo. 

Les escribo desde Versalles, donde los jefes de Estado y de Gobierno se han reunido desde el jueves por la tarde hasta hoy a mediodía con muchos asuntos en la agenda, pero todos bajo la sombra de la invasión de Ucrania. Se ha hablado de adhesión, de defensa y energía, se ha hablado de la necesidad de rediseñar la arquitectura de Europa, de repensar elementos clave del proyecto. Vamos allá con algunas de las ideas principales. Y perdonen las horas a las que llega el número de esta semana, pero han sido unos días movidos. 

 



Fantasmas de Versalles 

Todo buen palacio que se precie debe tener sus propios fantasmas. Los de Versalles, donde los jefes de Estado y de Gobierno se han reunido este jueves y viernes, son los de la guerra. Allí se puso fin en 1919 a la Primera Guerra Mundial, la “paz cartaginesa” que alimentó la bestia de la segunda. Y allí la madrugada del 23 al 24 de febrero de 2022, esos fantasmas volvieron a ser de carne y hueso. 

La invasión rusa de Ucrania marca el final de una época y el inicio de la siguiente. Europa gira sobre sus talones, se busca el pulso, trata de comprender cómo reaccionar y cómo adaptarse a una situación nueva. No es, como se ha dicho, la primera guerra en suelo europeo desde 1945. Hay cierta tendencia a olvidar la sangría de los Balcanes. Pero sí se trata de un conflicto que no está limitado a una región concreta: está moviendo todo el tablero. 

El encuentro de líderes europeos, que comenzó este jueves y se ha extendido hasta este viernes a mediodía, ha sido intenso, profundo. No hay demasiadas novedades concretas sobre la mesa. Pero sí hay una reflexión de fondo sobre el lugar de la Unión en una Europa más impredecible, agresiva e inestable. La agenda tenía algunos ejes que han vertebrado la discusión, pero el fondo del debate es de largo recorrido. 

Uno de los asuntos principales que tenían los líderes sobre la mesa era la cuestión de la energía. En los últimos días Estados Unidos ha presionado más a los socios europeos para establecer una prohibición de importación de petróleo de Rusia, quizás la antepuerta a cortar todo el gas proveniente de Moscú. Se trata del pilar principal de toda la economía rusa. Si se ataca ese pilar, se derrumban todos los cimientos del régimen de Vladímir Putin. A mediados de esta semana Washington ha decidido dar el paso en solitario, dejando a los socios europeos en una posición incómoda. 

Para la Unión Europea, en todo caso, dar ese paso es mucho más complejo que para Estados Unidos. La razón es la dependencia. Europa no puede cortar el grifo del gas ruso si no quiere que sus ciudadanos pasen frío. Literalmente. Lo dejó claro Olaf Scholz, canciller alemán. Los Veintisiete importan el 40% del gas consumido desde Rusia. Cerrar ese grifo dejaría un enorme agujero que Europa no es capaz de cubrir. 

Por eso la Comisión ha empezado a trabajar en un plan a corto y medio plazo. Se trata de una estrategia muy compleja y ambiciosa. Y muy cara: sustituir ya en 2022 el 65% de las importaciones de gas ruso y lograr la independencia total para finales de la década. “Jodidamente difícil, pero posible”, explica Frans Timmermans, vicepresidente Ejecutivo de la Comisión Europea para la transición ecológica. Se trata de que este mismo año la Unión consiga sustituir 100.000 millones de metros cúbicos de los 155.000 millones que importó en 2021 desde Rusia. 

Se trata de un movimiento en dos direcciones: la Unión busca protegerse de cualquier intento ruso de utilizar el gas como chantaje, y al mismo tiempo los Veintisiete ponen a Moscú contra las cuerdas en el medio plazo. Es lo más parecido que la Unión puede hacer a establecer una prohibición de importación de gas y petróleo. 

La otra cuestión energética que discutían los líderes era la manera en la que se puede amortiguar el impacto de los precios sobre los ciudadanos y las empresas europeas. La Comisión Europea había hecho pública a principios de la semana una comunicación en la que abordaba la cuestión de la independencia energética, pero también de la cuestión de los precios. Como ya saben, España lleva desde septiembre presionando sin éxito para tomar medidas a nivel europeo contra el aumento de los precios. Hasta ahora. Este martes la Comisión se abrió a algunas de sus ideas, como pueden leer en este artículo que escribimos

En la reunión también se ha acordado atar en corto este debate y volver a ponerlo sobre la mesa en el Consejo Europeo de dentro de dos semanas, con el objetivo de que la cuestión de lograr controlar los precios de la luz esté ya más aterrizado. Para eso se ha encargado a la Comisión que concrete sus propuestas antes de que termine marzo, con el objetivo de que los líderes vuelvan a discutirlo entonces. 

Los Veintisiete también han hablado de defensa, de la necesidad de aumentar el gasto militar y centrarse en proyectos comunes. Se trata del despertar de esa “Europa geopolítica” de la que habla Josep Borrell, Alto Representante de la Unión de Política Exterior y de Seguridad. Todo esto, tanto la independencia energética como el nuevo gasto en defensa, es extremadamente caro. Y eso ha hecho que el Gobierno francés haya movido la idea de un nuevo instrumento, al estilo del Fondo de Recuperación, financiado con deuda conjunta y que sirva para pagar ese gran salto adelante que tendría que dar Europa. 

La idea gustó en algunos lugares como Madrid. Pero el rumor, porque se movió a ese nivel, el de la rumorología, se recibió con bastante frialdad en otros lugares como Berlín. La primera ministra sueca, Magdalena Anderson, incluso sugirió que algunos países “siempre encuentran nuevos argumentos para no pagar sus gastos”, como podéis leer aquí

Reunión de líderes en Versalles. (Fuente: Consejo Europeo)

Adhesión de Ucrania 

El otro gran tema de esta cumbre era el de la adhesión de Ucrania. Ya habíamos explicado el contexto de este debate en el último número: se trata de un proceso complejo que suele llevar unos diez años. Sin embargo, algunos países como Polonia presionaban por hacer guiños al país, que pedía una adhesión “exprés”. La idea, no obstante, ha sido rechazada por un buen grupo de líderes, que a su llegada a la cumbre dejaron claro que esa idea estaba fuera de la mesa. 

“Todos los países de la parte occidental de Europa con los que hablo dicen que no debería haber un procedimiento de vía rápida o un proceso de adhesión acelerado”, ha explicado por su parte Mark Rutte, primer ministro holandés. “¿Podemos abrir un proceso de adhesión a un país en guerra? No lo creo. ¿Podemos cerrar la puerta y decir “jamás”? Sería injusto”, ha señalado por su parte Emmanuel Macron, presidente francés. 

La parte de la declaración de Versalles referida a la adhesión era la principal que llegaba sin cerrar a la cumbre. Los diplomáticos consideraban que eso superaba sus competencias: era una discusión política que solamente se podía tener a nivel de líderes. Pero como explicamos la semana pasada, las diferencias son de fondo, sobre cómo se entiende la ampliación. Para Polonia es una herramienta que sirve para estabilizar y para influir. Para los occidentales, los que rodean al núcleo duro de los fundadores, la ampliación es algo con mucho significado, mucho peso. Es el acto más relevante de la política europea, el que transfigura la naturaleza de la Unión. Una vez se amplía, aunque sea a un solo miembro más, la Unión cambia, se transforma, en tanto en cuanto es la unión de sus Estados, y hay uno nuevo sentado a la mesa. 

Esas diferencias son las que explican la manera tan diferente de afrontar el debate por parte de los distintos líderes. La discusión se alargó hasta las primeras horas de la madrugada, con el objetivo de enviar un mensaje de compromiso a Ucrania sin que haya una promesa de ampliación rápida. El texto final busca un terreno intermedio: "Sin demora, fortaleceremos aún más nuestros lazos y profundizaremos nuestra asociación para ayudar a Ucrania a seguir su camino europeo”. Para los que favorecen un proceso rápido aseguran que se trata de una señal clara del compromiso con Kiev. 

Sin embargo, fuentes diplomáticas piden abrir el foco, olvidarse de las etiquetas. ¿Quién está más cerca de formar parte de la Unión un día, Turquía que es candidata, o Ucrania, que no cuenta con ese estatus? La perspectiva europea de Kiev es mucho mayor, explica la fuente. Y se han hecho esfuerzos importantes, con envío de ayuda financiera e incluso financiando por primera vez en la historia el envío de armas. Además, se ha tramitado su petición de entrada en la UE en un espacio de tiempo muy corto, lo que ya es una muestra de voluntad política: normalmente entre que los futuros candidatos hacen su solicitud de acceso y el Consejo pide a la Comisión su opinión sobre la candidatura pasan entre 7 y 9 meses, y en esta ocasión ese primer paso solamente se ha demorado una semana para las peticiones de Ucrania, pero también las de Georgia y Moldavia. 

Hay otras fórmulas para hacer a Ucrania partícipe de la familia europea sin entrar en el club, defienden las fuentes. Y esas también las han discutido los jefes de Estado y de Gobierno en Versalles. Por ejemplo, Eslovaquia propuso dar a Kiev un estatus especial, con la participación sin derecho a voto en algunas formaciones del Consejo, o la invitación al líder ucraniano a algunas cumbres y con la idea de establecer una hoja de ruta de cinco años a Ucrania de camino hacia la membresía de la Unión. A propuesta del Alto Representante, se ha anunciado que se doblará la financiación del fondo para el envío de armas a Kiev. 

Dos personas con banderas ucranianas frente a Versalles. (Fuente: Consejo Europeo)
Cajón de sastre
  • Normas fiscales: cuando se habla de la reforma de las normas fiscales todo el mundo mira a Países Bajos, que durante los últimos años se ha ganado la fama de ser el mayor halcón en este debate. Algunos esperaban que el nuevo Gobierno de Mark Rutte, en el que los liberales más proeuropeos han ganado peso, fuera a cambiar su postura, que venía a ser que las normas fiscales deben reformarse para modernizarse, para que sea más fácil aplicarlas, pero no para que sea más sencillo saltárselas, más bien al contrario. El nuevo Ejecutivo no cambia mucho de punto de vista. Sigrid Kaag, ministra de Finanzas holandesa, ha explicado en los últimos días que La Haya está a favor de una reforma que permita la “modernización” del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. De todo lo que dijo Kraag seguramente lo que pueda salvarse en los briefings que a principios de esta semana hayan recibido los ministerios de Finanzas en Madrid, Roma y París sea esto: "Nos gustaría un ritmo realista en la reducción de la deuda, pero nos gustaría ver que la reducción de la deuda realmente suceda porque es importante”, aunque también asegura que debe haber “espacio para inversiones y espacio para las reformas que tanto se necesitan”. Pero la ministra dejó claro que los dos pilares fundamentales del Pacto, un déficit presupuestario inferior al 3% y una deuda pública por debajo del 60% del PIB, no deben moverse. 
     
  • Lagarde mueve ficha: esta semana también teníamos reunión del Banco Central Europeo (BCE) y la situación hacía que los ojos de buena parte del mundo se pusieran sobre Frankfurt. En estas situaciones no hay decisiones netamente buenas: la inflación está disparada, pero al mismo tiempo hay una guerra en marcha en el flanco este de la Unión Europea. La decisión de la institución presidida por Christine Lagarde se ha visto como inevitable: el adelanto del fin de los programas de compras y la apertura de la puerta a un aumento de los tipos ya en 2022. Podéis leer más aquí. 
     
  • Referéndum en Dinamarca: este punto tiene mucho que ver con los asuntos que hemos tratado en la sección principal, pero prefería no cargarla y la he incluído en el cajón de sastre. Dinamarca va a celebrar el próximo 1 de junio un referéndum sobre si Copenhague debe terminar con la excepción que le permitía no participar en los programas militares de la Unión. “Momentos históricos requieren decisiones históricas”, ha explicado la primera ministra Mette Frederiksen. 
     
  • Orbán hace su apuesta: muchos han dudado en los últimos meses sobre si el primer ministro Viktor Orbán seguía comprometido con la ultraderechista Marine Le Pen como su caballo ganador en Francia tras la aparición de Eric Zemmour, por el que el húngaro ha mostrado mucha simpatía. Esta semana hemos recibido una pista de a quién favorece seguramente Budapest. El banco MKB Bank, dirigido por una persona cercana al primer ministro húngaro, ha aprobado un préstamo de más de 10 millones de euros a Le Pen para su carrera en las presidenciales francesas. Tenéis más información aquí. La formación de Le Pen tenía muchas dificultades para que bancos franceses le financiaran por problemas de reputación, y aseguran que tienen que buscar dinero fuera solamente porque no tienen otra opción. 
     
  • Macron vuela en las encuestas: las últimas semanas Macron ha intentado mantener un perfil alto, jugando el papel de mediador, manteniendo conversaciones continuas con Zelenski, pero también hablando directamente con Putin. Su perfil ha sido alto durante toda esta crisis. Y las encuestas le están sonriendo: se ha disparado hasta rozar ya el 30% de los votos. Valérie Pécresse, de los republicanos, ha caído en las encuestas hasta el 12%, situándose en el mismo entorno que Zemmour (que sigue en el 12%). El izquierdista Mélenchon se encuentra ligeramente por debajo, en el 11%. En esta batalla Le Pen se sitúa por encima en el 17% y la crisis de la guerra de Ucrania, a pesar de sus conocidos lazos con el Kremlin, no le están desgastando en las encuestas.
     
  • La camiseta de Salvini: hablando de admiradores de Putin hay uno que es especialmente conocido, y ese es Matteo Salvini. El líder de la Lega ha sido uno de esos políticos que en los últimos años han estado utilizando la imagen del presidente ruso como símbolo del “hombre fuerte” tan popular entre el votante conservador. Esta semana ese boomerang le ha golpeado al líder cuando de visita en el pueblo polaco de Przemysl, en la frontera ucraniana, el alcalde desplegó la camiseta que en una ocasión Salvini utilizó para fotografiarse en Moscú. Podéis ver el vídeo aquí, no tiene desperdicio. 
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