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Número 109 - Bruselas, 18 de marzo de 2022


Una newsletter de Nacho Alarcón. Puedes suscribirte aquí

Es viernes y este es el número 109 de Nexo Europa, la newsletter semanal de actualidad y análisis de asuntos europeos. Ha sido una semana de resaca tras la cumbre de Versalles y de transición hacia unos próximos días que vendrán con una agenda muy cargada. Seguimos con toda la atención puesta en Ucrania, pero también fijándonos en otros actores globales, como China. Vamos allá con todo lo que nos ha dejado la semana. 
 



Diplomacia y bombas

Se cumplen 23 días desde que Rusia lanzó su ataque sobre Ucrania. La guerra se ha llevado por delante la economía rusa por las sanciones occidentales, ha convertido a Moscú en un paria internacional y Vladímir Putin no ha logrado lo que buscaba: una intervención rápida y sin oposición con una entrada triunfal en Kiev en cuestión de pocos días. El Kremlin empieza a admitir que eso no va a ocurrir y ha pasado a otra fase: la del bombardeo indiscriminado, el ataque a la población civil e incluso la destrucción del tejido industrial de Ucrania. Este último punto es más relevante de lo que puede parecer: esa destrucción indica que Moscú ya no ve tan claro que vaya a poder ocupar el país o poner a un Gobierno títere al que controlar. Ya solamente importa dejarlo todo arrasado. 

Pero hay pocas buenas noticias que contar: la guerra ha entrado en una fase más destructiva, más brutal todavía. Son ya tres millones de ucranianos los que han huido del país que les ha arrebatado la invasión rusa. A medida que el conflicto se alarga y queda claro que no tiene nada de “operación especial”, Moscú endurece el control sobre su propia sociedad y sobre cualquier tipo de protesta contra la guerra. En los últimos días hemos visto detenciones de personas que únicamente sostienen un folio en blanco. Putin ha hablado de “traidores”, refiriéndose a los rusos que tienen simpatías por las posiciones occidentales, incluso hablando de una “purificación” de Rusia, en un mensaje que se ha entendido como una amenaza hacia los oligarcas. “Cualquier pueblo, y especialmente el pueblo ruso, siempre podrá distinguir a los verdaderos patriotas de la escoria y los traidores”, aseguró el presidente en otro discurso televisado. 

Al mismo tiempo que la guerra se hace más brutal, Ucrania y Rusia siguen en la mesa de negociaciones intentando alcanzar un acuerdo que permita detener la invasión rusa. Pero nadie, ni siquiera el lado ucraniano, está seguro de la verdadera intención de Moscú en esas conversaciones. El miércoles parecía que se registraban progresos, pero Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, dejó claro que esos supuestos avances no se ven reflejados sobre el terreno. “Sobre el terreno no vemos ninguna señal, y por eso pedimos a Rusia que participe en estas conversaciones de buena fe”, explicó durante una rueda de prensa. 

Es un mensaje que coincide con otro enviado por el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, que habló este miércoles con su homólogo ruso, Nikolai Patrushev, al que envió un claro mensaje: “Si Rusia se toma en serio la diplomacia, entonces Moscú debería dejar de atacar ciudades y pueblos ucranianos”. La idea de avanzar en la vía diplomática mientras se sigue asesinando a civiles es difícil de casar. 

Es por eso que se teme que el Kremlin pueda utilizar las conversaciones para intentar ganar tiempo. Lo que cuentan los expertos (recuerden que les dejé en un número de hace un par de semanas una lista con mucha gente que sabe mucho más que yo) es que Rusia claramente ha fracaso en el plano logístico. Necesita reorganizarse y asegurar los suministros si quiere hacer sostenible la guerra. 

El temor en Bruselas y Washington es que Moscú utilice las negociaciones y genere falsas esperanzas para ganar tiempo y poder hacerlo mientras los ucranianos ponen su atención sobre la vía diplomática. Stoltenberg no ha dejado lugar a dudas sobre lo que debe hacer Kiev: seguir peleando. “Es muy importante no especular sobre el resultado de estas conversaciones, pero es obvio que lo que Ucrania puede conseguir en la mesa está muy conectado con lo que puede conseguir en el campo de batalla”, explicó el secretario general de la OTAN. 

En el frente europeo hemos tenido nuevas sanciones (de las que hablamos un poco más abajo) y el principal asunto de la semana ha sido la visita de los primeros ministros de Polonia, Eslovenia y República Checa a Kiev. Están leyendo bien: a Kiev. Han viajado a una capital ucraniana bombardeada y atacada de manera constante por las fuerzas rusas con el objetivo de reunirse con el presidente Volodímir Zelenski y mostrar su apoyo a Ucrania. El viaje, sin embargo, ha generado cierto nerviosismo en Bruselas. 

Mateusz Morawiecki, primer ministro polaco, le comentó sus planes a los presidentes Ursula von der Leyen, de la Comisión Europea, y Charles Michel, del Consejo Europeo, durante la cumbre europea celebrada el jueves y el viernes en Versalles (Francia), según explicó un portavoz del Consejo. Pero el polaco solamente confirmó el viaje a Michel en una conversación el lunes por la noche. El martes por la mañana estaba camino de la capital ucraniana con sus homólogos esloveno y checo. 

Son los halcones del este, los que están intentando mover el tablero y marcar el ritmo al resto de la Unión Europea pidiendo un mayor compromiso con Ucrania y medidas más duras contra Rusia. Morawiecki no se ha cortado a la hora de criticar en público las medidas en las que los Veintisiete han decidido no tocar el gas y el petróleo ruso por interés propio. Podéis leer más en este artículo que escribí sobre la visita. 

En todo este lío no pierdan de vista la agenda de la semana que viene. Joe Biden, presidente de Estados Unidos, estará de visita en Bruselas y participará en el Consejo Europeo que está programado para el jueves y el viernes. Pero es que ya que el presidente norteamericano está en la ciudad (que los servicios secretos americanos ponen patas arriba cada vez que vienen) hay que aprovechar para montar otra cumbre, en este caso una de la OTAN. La alianza tiene mucho de lo que hablar. Stoltenberg ha explicado que es necesario “reiniciar” la defensa común y Emmanuel Macron, presidente francés, que en 2019 aseguró que la Alianza estaba en “muerte cerebral”, ha señalado que la guerra en Ucrania ha sido un “electroshock” que la ha revivido. 

Estos días la Alianza Atlántica ha celebrado una reunión ministerial en la que el tema principal ha seguido siendo Ucrania y qué pasos debe ir tomando el bloque aliado. El martes Stoltenberg avisaba de que se teme que Rusia pueda hacer uso de armas químicas en Ucrania y que Moscú se encuentre preparando el terreno con pretextos o con un ataque de falsa bandera. Podéis leer más aquí

La presidenta de la Comisión y del Consejo Europeo junto al estadounidense (Fuente: Consejo)

Debate energético

Esa cumbre de la semana que viene de la que hemos hablado no tratará solamente sobre Ucrania. El otro gran asunto será el de la energía. Como hemos explicado aquí, España viene defendiendo desde septiembre una serie de medidas para abaratar la factura de la luz, siendo la principal el desacople del gas del resto de la energía, una medida que hasta ahora ha sido rechazada por completo por la Comisión Europea y un grupo de Estados miembros. La semana pasada, sin embargo, Bruselas pareció abrirse a la posibilidad de dar pasos en la dirección que exige España en algunos puntos. 

El jueves y viernes en Versalles la energía estuvo muy presente. Por un lado por el plan para independizarse de la energía rusa. Y por el otro, por la manera en la que puede amortiguarse el impacto del aumento de los precios. Los líderes encargaron al Ejecutivo comunitario que presentara algunas propuestas más concretas para que pudieran discutirlas en la siguiente reunión. Eso es lo que está previsto que haga la Comisión Europea el próximo lunes. 

Estos días Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, ha estado en una gira europea con el objetivo de ganarse el apoyo de otros posibles aliados. En la lista han estado los líderes de Croacia, Eslovaquia, Rumanía, Alemania e Irlanda, además de un encuentro conjunto con los líderes de Portugal, Italia y Grecia este viernes en Roma. España quiere proponer que haya un tope a la factura de la luz de 180 euros el megavatio. Presten atención a este debate porque será uno de los principales asuntos de la semana que viene. Alemania, sin embargo, sigue mostrándose muy contraria a las principales propuestas del Ejecutivo español. 

El presidente del Gobierno a su llegada a una cumbre europea. (Fuente: Consejo)
Cajón de sastre
  • El factor chino: una de las derivadas del conflicto en Ucrania y de la respuesta occidental a la agresión de Rusia es de qué manera va a actuar China, pero también de qué forma va a comportarse Moscú respecto a Pekín. Los aliados están aislando la economía rusa de una forma sin precedentes, y hay temores sobre los efectos secundarios de ese aislamiento: que el Kremlin se arroje en manos del gigante asiático por completo. Es algo que, sin embargo, muchos consideran ya a estas alturas inevitable. Esta semana Estados Unidos ha asegurado que Rusia ha solicitado armas a China para su guerra en Ucrania, una confirmación de esa tendencia a alinearse y rebajarse a un papel de subordinado de Pekín. El objetivo es evitar ese alineamiento y que China condene también el ataque ruso. Además, POLITICO publica que una fuente europea asegura que los líderes tienen evidencias de que China está dispuesta a enviar material militar a Moscú. ¿Qué va a hacer finalmente? Eso es algo que solamente Xi Jinping sabe, pero que probablemente dé forma al mundo de las próximas décadas. En este sentido, este viernes Joe Biden, presidente americano, habla por teléfono con su homólogo chino. Hace pocos días que Josep Borrell, Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, señaló que China tenía que jugar un papel relevante en esta crisis. Fue fuertemente criticado por los círculos más cercanos a Von der Leyen. 
     
  • Y el factor taiwanés: mucha gente mira a la guerra en Ucrania pero está pendiente también de Taiwán, que China considera como parte de su territorio. Ese potencial conflicto se ve como un auténtico polvorín a ojos de occidente, y Pekín ha demostrado no tener ningún tipo de paciencia con los países que muestran simpatías por los taiwaneses. La conexión entre ambas crisis las ha hecho directamente el Gobierno chino. En una llamada esta semana entre el ministro de Asuntos Exteriores holandés, Wopke Hoekstra, y su homólogo chino, Wang Yi, el asiático contestó a la afirmación del neerlandés (que todos los países deben respetar la integridad territorial de Ucrania), explicando que espera que no haya doble rasero y se opine lo mismo en la cuestión de China y Taiwán.
     
  • Teleféricos, caballos pura sangre y gaitas: en el apartado semanal de sanciones a Rusia por la invasión a Ucrania esta semana tenemos un precioso listado de productos de lujo que la Unión Europea prohíbe exportar a territorio ruso cuando superan los 300 euros. Hay desde caballos pura sangre, trufa y vinos, hasta motocicletas, coches y teleféricos (por encima de 50.000 euros), pasando por gaitas y castañuelas (en el apartado de instrumentos musicales) o cava o sidra. Pero el cuarto paquete de sanciones, acordado el pasado martes y que fue anunciado el viernes por Von der Leyen, va más allá, estableciendo la prohibición de hacer inversiones en el sector energético ruso o las transacciones con empresas públicas rusas (excepto en el ámbito de la energía, claro). También hay nuevos oligarcas cuyos activos quedarán congelados y sobre los que pesará una prohibición de viaje a la Unión. El más conocido es, claro está, Roman Abramovich, dueño del Chelsea, un famoso club de fútbol londinense que ha sido la piedra angular de los esfuerzos del oligarca por encajar y ser aceptado en la élite británica. 
     
  • Contigo ni a Marte: la Agencia Espacial Europea (ESA) ha anunciado que se cancela ​​la misión ExoMars, con la que, en colaboración con la agencia rusa, iba a explorarse la posible existencia de vida en el pasado en Marte. Estaba previsto que se lanzara un rover a bordo de un cohete ruso en el mes de septiembre, pero “la ESA está totalmente alineada con las sanciones impuestas a Rusia por sus Estados miembros”, y por lo tanto ha decidido cancelarla. 
     
  • España apoya a Macron: no es ninguna novedad que España suele estar a favor de cualquier idea que se traduzca en una mayor integración europea. La idea de un nuevo fondo financiado con deuda conjunta que sirva para sufragar los gastos de la operación para lograr la independencia energética de Rusia e impulsar el gasto militar, una idea que movió París la semana pasada, no es una excepción. Moncloa así lo ha explicado, como contó mi compañero Iván Gil hace días tras una visita del presidente a Riga. Esta semana Nadia Calviño, vicepresidenta del Gobierno, ha insistido en ese apoyo antes de un encuentro de ministros de Finanzas de la Eurozona y de la Unión Europea. “España siempre estará entre aquellos que apoyen una respuesta coordinada, una respuesta europea a un reto que evidentemente trasciende de las fronteras nacionales, y que por tanto requiere una actuación conjunta, unida, de todos los Estados miembros”, explicó la vicepresidenta. 
     
  • Póngame esos 70.000 millones: Calviño también aprovechó el lunes para anunciar que en los próximos meses el Gobierno pretende enviar una enmienda de su plan de recuperación a Bruselas. ¿La razón? Hasta ahora el plan español solamente está utilizando 70.000 de los 140.000 millones de euros a los que tenía acceso. Se está utilizando la mitad en forma de transferencias a fondo perdido. Ahora el Gobierno pretende solicitar la otra mitad, que es en forma de créditos ventajosos. El Ejecutivo español siempre expresó su intención de utilizar todo lo que le correspondía del Fondo de Recuperación (recuerden, aquel instrumento financiado con deuda conjunta acordado por los líderes en 2020 que se ideó para la reactivación de la economía por una cosa llamada coronavirus de la que ya casi nadie se acuerda). Pero en el reglamento se establecía que había hasta agosto de 2023 para solicitar acceder a esa parte de créditos. Y Calviño ha explicado que no tiene ninguna intención de agotar ese tiempo. El plan enmendado se enviará a Bruselas, y entonces los técnicos comunitarios tendrán que darle su luz verde. Después, el plan quedará modificado, con sus nuevos montantes siguiendo el calendario de hitos y objetivos. 
     
  • Intel apuesta por Europa: la compañía Intel ha anunciado que invertirá unos 80.000 millones de euros en la Unión Europea durante la próxima década (podéis leer aquí el comunicado de la empresa), con una inversión inicial de 33.000 millones de euros. “El anuncio de hoy incluye planes para invertir 17.000 millones de euros iniciales en un megasitio de fabricación de semiconductores de vanguardia en Alemania, crear un nuevo centro de I+D y diseño en Francia e invertir en I+D, fabricación y servicios de fundición en Irlanda, Italia, Polonia y España”, señala el comunicado. Más allá de la cita del comunicado de Intel, lo cierto es que España se queda muy atrás. La empresa solamente habla de los 17.000 millones en Alemania, de 12.000 millones en su planta de Leixlip (Irlanda) y de hasta 4.500 millones de euros en Italia. También habla del desarrollo y ampliación de nuevos centros en Países Bajos o Polonia. 
     
  • Borissov detenido: el antiguo primer ministro de Bulgaria, Boyko Borissov, que gobernó el país de manera prácticamente ininterrumpida desde 2009 hasta 2021, ha sido detenido en una operación de la Fiscalía Europea (EPPO), en el que es el primer gran golpe de la oficina liderada por la fiscal rumana Laura Kovesi. Borissov perdió el poder en unas elecciones legislativas el pasado julio tras meses de protestas en las calles de Sofía por las acusaciones de corrupción contra su Gobierno. 
     
  • Consejos de administración: los Estados miembros han dado luz verde a un acuerdo que obligará en 2027 a que al menos el 40% de los miembros no ejecutivos de los consejos de administración de las grandes empresas en la Unión Europea que cotizan en bolsa sean mujeres. El texto final, que comenzó su recorrido hace una década, debe ser aprobado todavía por el Parlamento Europeo. Hay camino que recorrer, como indican los datos: “En octubre de 2021, solo el 30,6% de los miembros de los consejos de administración eran mujeres y apenas el 8,5% estaban presididos por mujeres”, como explica Silvia Martínez en El Periódico
     
  • Negociaciones con Irán: llevamos ya muchos días escuchando que el acuerdo nuclear con Irán está a punto de ser reactivado. Hay preocupación con que Rusia puede aprovechar esas negociaciones para intentar sacar tajada en el enfrentamiento con Ucrania, pero hay otras señales positivas. La liberación de Nazanin Zaghari-Ratcliffe y Anoosheh Ashoori, dos ciudadanos británico-iraníes que llevaban años detenidos en Irán bajo cargos de espionaje, ha sido una nueva muestra por parte de Teherán de su intención de cerrar las negociaciones. El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, ha asegurado que Moscú no pretende hacer uso de estas conversaciones para sacar beneficios exagerados. Así que estamos pendientes de que se recorran esos últimos metros hasta el acuerdo, pero nada lo garantiza todavía. 
     
  • Serbia bajo presión: muchos ojos en Europa están puestos en Serbia, un país candidato a entrar en la Unión pero muy expuesto a la influencia de Moscú, siendo el país balcánico con más lazos culturales y económicos con Rusia. En muy pocos lugares se han visto manifestaciones a favor de la invasión rusa de Ucrania. Pero uno de esos lugares es Belgrado, donde hace dos semanas hasta 4.000 ciudadanos se manifestaron en apoyo al Kremlin. Aleksandar Vucic, presidente serbio, ha alertado de la tormenta diplomática que se puede cernir sobre el país después de que el Gobierno se haya negado a aplicar las sanciones que están adoptando el resto de naciones occidentales (incluida Suiza, rompiendo su histórica neutralidad). “Estamos en una situación excepcionalmente difícil, hay menos comprensión que nunca por la posición de nuestra nación”, señaló Vucic en un discurso televisado, asegurando que están soportando “una gran presión”. Serbia intenta mantener el equilibrio: no cabrear demasiado a sus socios occidentales pero al mismo tiempo seguir mimando a Rusia. Le está resultando muy difícil, como se comprobó cuando tras el cierre del espacio aéreo a las aeronaves rusas, Air Serbia dobló sus conexiones entre Belgrado y Moscú, pero tuvo que dar marcha atrás a esa decisión por las fuertes críticas desde Kiev. En este artículo del Financial Times sobre la creciente presión sobre Serbia una fuente gubernamental asegura al periódico británico que Vucic, que en 2017 se convirtió en presidente con una plataforma proeuropea pero que desde entonces se ha alineado más con Moscú y ha mostrado ciertas tendencias autocráticas, necesita primero ganar las elecciones del próximo 3 de abril, pero que después se alineará de una manera más clara con los socios europeos. 
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