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A partir de cierta edad no es fácil hacer amigos nuevos.



Me las arreglo con una pequeña ayuda de mis amigos.
—Ringo Starr


 

Con el paso del tiempo aparecen en tu vida algunas personas atractivas y especiales. Puede ser en el lugar de trabajo, una red, la clase de yoga. Te encantan, pero no son exactamente amigos, o en todo caso no como los de antes, los que son amigos más o menos desde siempre, con los que uno se reúne a tomar un café, incluso va a comer, se encuentra en reuniones, sabe la fecha de su cumpleaños y de vez en cuando habla por teléfono solo para charlar un rato. ¿Alguien nuevo a esta edad? Difícil.

Recuerdo que un día Miguel Brascó se preocupó porque necesitaba un abogado, no sé para qué, y yo le dije “Pero Miguel, tenés un montón de amigos abogados”. Y él me respondió: “Sí, pero ahora son todos ministros, jueces de la Corte Suprema, diplomáticos en el exterior”. Sin llegar a esos extremos, en general las personas atractivas y especiales de las que hoy te gustaría ser amiga seguramente están muy ocupadas, como vos. ¿Quién tiene el tiempo y la energía para ir a tomar un café? Solo con los amigos de antes, y muy rara vez.

 

Muchas noches me encuentro pensando en cosas que me gustaría hacer al día siguiente, esa lista de asuntos pendientes que no es imperativa y por eso se posterga. Me gustaría por ejemplo llevarle un regalo a un ex compañero de trabajo que me hizo un favor. Tendría que pensar en el regalo primero y luego ir a comprarlo. Después llevárselo. Suena como una idea encantadora pero al día siguiente todo el fervor de la noche anterior se evaporó.

Pienso ahora en los “amigos nuevos” y llego a la conclusión de que en realidad nada me falta, la relación es perfecta tal como está. Es otra clase de amistad. No involucra el contacto, las confidencias, los cafés a media tarde o cualquier indicio de intimidad. ¿Quién la necesita?

Esta nueva clase de amistad es mundana y elegante como la costumbre francesa de tratarse de usted aun en la intimidad. Es la gran oportunidad de comportarse por una vez como gente adulta: reconocer el privilegio y no dar nada por sentado. En realidad tenemos un montón de amigos nuevos, solo que circulan por caminos diferentes, con otros tiempos y otro lenguaje. Ni siquiera sabemos sus números de teléfono ni se nos ocurriría llamar. Son personas atractivas y especiales: a su manera son todos ministros, jueces de la Corte Suprema o diplomáticos en el exterior.





Odio todo

Odio la música de fondo.





Palabras

“Fui un empleado editorial en un sitio de música que compró Condé Nast en 2010 y parecía irreversible lo fútil de nuestro trabajo. No era porque unos jóvenes aburridos hubieran invadido las salas de Condé Nast; eran las dificultades financieras: ahora las revistas —impresas o en línea— ya no podían realizarse como una forma de arte o un oficio de sensibilidad y buen gusto. Para sobrevivir se requería la validación de las imágenes y los números. Pero optimizar la escritura y la edición para un público desconocido suele ser la tarea de un idiota. Te arroja a los clichés y a la sabiduría de moda; es por eso que tantos títulos resultan banales y parecidos entre sí (planteados como preguntas, llamados a la acción y otras fórmulas prefabricadas) y por qué el material de Internet parece tan estéril. Sin embargo lo que ocurre hoy en los medios no es realmente un cambio de guardia sino una desesperación generalizada ante las fuerzas del mercado. Tina Brown le dijo recientemente a un periodista: “Ahora no hay dinero en el periodismo… Les pagan a esos chicos una miseria para sentarse todo el día en la computadora a ver qué es tendencia”.

Kevin Lozano (A Gilded Age) vía Edmundogs

 



 

Qué hay para ver

Los más jóvenes no la habrán visto, a menos que fueran cinéfilos de chiquitos. Es Shine, una película australiana de 1996. Narra la historia del pianista David Helfgott, considerado un genio desde la infancia pero atormentado por un padre despótico capaz de provocarle un desequilibrio mental. En su momento la película produjo una fuerte emoción en el público y también una especie de conmoción en la industria respecto del cine independiente.

Una noche de enero de ese mismo año Harvey Weinstein, mucho antes de su debacle y todavía a la cabeza del estudio Miramax, entró hecho una furia a cierto restaurante en una ciudad de Utah y armó tal escándalo que los encargados de seguridad tuvieron que sacarlo del lugar. La película Shine, de un director australiano desconocido llamado Scott Hicks, se había estrenado el día anterior en el prestigioso Festival de Cine Sundance. Weinstein había hecho un trato telefónico para comprarla, pero ese mismo día más temprano el agente de Hicks la vendió a otro estudio, Fine Line Features, en más de dos millones de dólares.

Weinstein se enfureció pero lo cierto es que la presidenta de Fine Line, Ruth Vitale, vio el film a la mañana y de inmediato tomó un avión para presentarse en persona con su equipo; se instaló y dejó en claro que no se iría hasta conseguir la película. Scott Hicks había resistido una década entera sin que nadie le atendiera el teléfono. Weinstein no solo se negó a producir la película: también lo dejó durante días pegado a su cuarto de hotel esperando un llamado que nunca se produjo. Finalmente una pequeña compañía independiente llamada Parisian consiguió los medios para comenzar la filmación.

Al día siguiente del estreno en el Festival, Hicks recibió 135 llamados de estudios interesados en el film y los respondió todos. Incluso el de una productora de la que no había oído hablar, Dream Works SKG, donde le dijeron que el señor Spielberg quería felicitarlo por haber hecho una película que a él mismo le habría gustado filmar, y para concertar una cita.

 

Weinstein había desdeñado a Hicks porque se dedicaba a filmar documentales para la televisión, pero no era un documentalista cualquiera. Había ganado un premio Peabody por la serie que realizó sobre el ejército de la República Popular China durante la confrontación de la plaza Tiananmen y también obtuvo un Emmy por su serie sobre submarinos nucleares. Shine es una película emocionante y sencilla, austera a su manera, como uno de esos textos que se apoyan en la fuerza de las palabras y no necesitan adjetivos. Geoffrey Rush como Helfgott ganó el Oscar como Mejor Actor y la película obtuvo nominaciones en todo lo demás: Mejor Película, Actor de Reparto, Director, Guión, Montaje y Música. El film está completo en Youtube, aunque sin subtítulos. Que en este caso no son indispensables.




 

A propósito

Amigos. En la novela de Ernest Hemingway Islas en el Golfo se narra la vida de un pintor, Thomas Hudson, que vive en perfecta soledad dedicado a su trabajo en la isla Bimini. Tolera la visita de sus hijos cuando no puede evitarlo pero en realidad prefiere estar solo. Más tarde va a involucrarse en la guerra pero mientras tanto frecuenta un bar de La Habana. Una vez al año se junta con tres amigos en el barco de uno de ellos donde se dedican a la pesca de altura pero sobre todo a beber, conversar y reír. Solo una vez al año. Los personajes tendrían entre cincuenta y sesenta años. Para mí, que era joven cuando leí la novela, era una edad avanzada. Pero nunca antes había percibido esa sensación de intensa felicidad que transmitían esos cuatro borrachos en un barco. Entonces de eso se trataba ser viejo, pensé; fue para mí un profundo cambio de paradigma. Y conste que no uso a menudo la palabra paradigma.

 

La película Postcards from the Edge (Recuerdos de Hollywood) de Mike Nichols, fue escrita por Carrie Fisher que era hija de Debbie Reynolds y Eddie Fisher. La protagonista es Suzanne (Meryl Streep) una actriz con problemas de adicciones, hija también de una estrella del pasado (Shirley MacLaine). Por orden del estudio que la tiene contratada, Suzanne debe internarse en un centro de rehabilitación donde se aburre hasta el desmayo. Un día la invitan a un talk show de la televisión y ella acepta feliz. Una compañera le pregunta si de veras va a ir puesto que no es recomendable para su tratamiento. “No me lo perdería por nada”, dice Suzanne. “Las invitaciones a la televisión son como los bares de solos y solas de las celebridades”. La película es de 1990, todavía no se habían popularizado las redes. Me despido entonces hasta el domingo que viene. Quedan invitados al club del Viejo Smoking, ya saben. Es acá.
 


Me gustaría agasajar a mi familia y a mis amigos.

Una fiesta en el Morocco, como Marlene Dietrich.

Está bien, puede ser en el Alvear.

En cualquier momento.

Cecilia


 

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