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La Carta de los martes del 10 de mayo de 2022


Queridos amigos:

El 10 de mayo de 1936, Manuel Azaña[1] fue designado Presidente de la II República Española. Las circunstancias en que tuvo lugar ese nombramiento lo convirtieron en un acontecimiento controvertido. Vamos a ver por qué.
 
La II República sobrevino el 14 de abril de 1931 al calor de unas elecciones municipales (celebradas el día 12 anterior) en las que los partidos monárquicos vencieron por 4 a 1 en el conjunto de España, pero los partidos republicanos ganaron holgadamente en las grandes ciudades. Previamente se habían producido distintos acontecimientos[2], que hicieron pensar a las cúpulas de los partidos monárquicos y al propio Rey Alfonso XIII que la solución al bloqueo institucional era la abdicación de éste y la auto marginación de aquéllos.
 
En el régimen republicano que comenzaba su andadura, dos personas tenían un relieve y un peso específico similar: eran Manuel Azaña Díaz y Niceto Alcalá-Zamora y Torres. Ambos de gran capacidad intelectual, ambos juristas, ambos republicanos, ambos incapaces de percibir la complejidad de una realidad cambiante a pesar de su inteligencia, ambos coetáneos[3], ambos soberbios[4]. Sus posiciones se hallaban enfrentadas, en parte debido a sus personalidades y en parte a sus planteamientos ideológicos.
 
Azaña había sido presidente del Consejo de Ministros entre 1931 y 1933. Su papel de primera fila empezó en el Primer Gobierno Provisional, el 14 de abril de 1931, en el que fue Ministro del Ejército, y creció hasta alcanzar la presidencia del Gobierno en el segundo Gobierno Provisional, en el que sustituyó precisamente a Niceto Alcalá Zamora. Como tal Presidente del Consejo de Ministros imprimió un tinte excluyente[5], radical y de planteamientos jacobinos[6], anticatólico[7],
anti militar[8] y despótico[9].
 
Niceto Alcalá-Zamora[10] había ocupado a lo largo de su vida política la cartera de Fomento (gobierno de Manuel García Prieto) y de la Guerra con el mismo presidente del Consejo de Ministros, ambos bajo Alfonso XIII. Se opuso frontalmente al régimen de Primo de Rivera y desde esa postura, a la Monarquía que lo sustentó[11]. Participó en el Pacto de San Sebastián, de cuyo Comité Ejecutivo[12] fue elegido presidente, así como del Comité Revolucionario que forzó el exilio de Alfonso XIII. Acto seguido, fue elegido presidente del Gobierno Provisional.
 
Durante los enfrentamientos con Azaña por razón de los artículos de la Constitución referidos a la cuestión religiosa, y debido a la evidente deriva izquierdista de los resultados, Alcalá-Zamora[13] dejó el gobierno el 13 de octubre de 1931[14]. Ante la posibilidad de que Alcalá-Zamora empujara desde fuera para equilibrar el evidente izquierdismo del texto constitucional, Azaña[15] y los socialistas le ofrecieron la Presidencia de la República, que Alcalá-Zamora asumió el 11 de diciembre de 1931. Era Jefe del Gobierno el propio Azaña[16]. El 8 de junio de 1932, por un enfrentamiento en torno a ciertos ministros, Azaña dimitió y Alcalá-Zamora, inusitadamente, lo volvió a nombrar. Sin embargo, en septiembre, Alcalá-Zamora destituyó a Azaña y disolvió las Cortes Constituyentes. Tras las elecciones de octubre de 1933, el bienio radical/cedista[17] y el alzamiento socialista en Asturias, Alcalá-Zamora, quien desconfiaba de la CEDA, la apartó del poder durante la crisis de gobierno del 9 de noviembre de 1935. Nombró primer ministro a su amigo Manuel Portela Valladares, que lo fue entre noviembre de 1935 y febrero de 1936. Sorprendentemente dadas las circunstancias, Alcalá-Zamora quería crear una fuerza de centro político que se situara entre la derecha radical y cedista y la izquierda socialista y azañista. No lo logró.
 
Decantadas las elecciones de febrero de 1936 en favor del Frente Popular, Azaña resultó encargado de formar gobierno. Y las izquierdas, suspicaces ante un republicano de derechas como Alcalá-Zamora, decidieron desembarazarse de él. Abrieron un debate en las Cortes sobre la posible inconstitucionalidad de su última disolución. Su fundamento era que, según la Constitución, el Presidente de la República podía disolver las Cortes dos veces, pero la segunda podía ser sometida a criterio de las Cortes. Si la mayoría consideraba que se había cometido alguna irregularidad, cabría destituir al Presidente.

Era una argucia: nunca hubo dos disoluciones, sino una. La primera disolución (la de 1933) no debía contabilizarse, al tratarse de Cortes Constituyentes, que como su nombre indica, elaboraron la Constitución y por tanto eran anteriores a ella. Pero la nueva mayoría decidió que se trataba de dos disoluciones, que la segunda era irregular y que la destitución era clara.
Alcalá-Zamora se resistió, pero finalmente, el 7 de abril de 1936, cesó. Se hizo cargo interinamente de la presidencia de la República Diego Martínez Barrio, en su condición de presidente de las Cortes, quien fue sustituido por Azaña el 11 de mayo de 1936. Era la gran victoria del alcalaíno, que le permitiría gestionar al fin los destinos de la República con su superior capacidad[18] y el desprecio que sentía por los comunistas y los anarquistas[19]. Pero pronto esta victoria se trocó en amargura, consecuencia de todos sus errores anteriores, de su sectarismo y su frivolidad.

El gran derrotado, Niceto Alcalá Zamora, abandonó España. Una vez fuera del país explicó[20] lo que sabía de primera mano, en su calidad de Presidente de la República: la victoria del Frente Popular en las elecciones generales de febrero de 1936 se había producido por la alteración de las actas electorales por parte de ese mismo Frente Popular[21], seguida de la manipulación llevada a cabo por la Comisión de Actas[22]. Fue así como el Frente Popular consiguió la mayoría absoluta en las Cortes (237 escaños), cuando solo había obtenido unos 200[23].

Al cabo de unos meses se produjo el Alzamiento Nacional. A partir de ese momento, el papel de Azaña fue menor por la relevancia que la guerra confirió a anarquistas y comunistas. El final ya lo conocen.

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La noticia de esta semana World Health Organization includes Down syndrome in list of ‘severe birth defects’ to be ‘prevented’ - LifeSite (lifesitenews.com) refleja un post de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ese organismo de Naciones Unidas dirigido por un lacayo de la República Popular China cuya especialidad es hacer desaparecer seres humanos por centenares de miles en su propio país, lo que le valió la oportunidad de ponerse al frente de la OMS.

Una vez allí, validó las falsedades de sus mentores en relación con la mayor de las infecciones pandémicas generadas en laboratorio, que ha cambiado el paso del mundo: el SARS-CoV-2.
 
Con esa acreditación, la OMS ha incluido el síndrome de Down en una lista de defectos congénitos severos que deben ser evitados.

Pero no se puede prevenir el síndrome de Down[24], luego lo que significa la afirmación de la OMS es que hay que suprimir los fetos, es decir, los individuos que vengan con esa condición. ¿Cómo? Abortándolos. Pura eugenesia, comportamiento criminal. Nada nuevo, por lo demás.
 
La reacción social fue severa y la OMS hizo desaparecer de Facebook la mención al síndrome de Down, pero no hizo lo mismo con Twitter. Las personas con síndrome de Down son seres humanos que resultan objetivo frecuente de abortos, hasta el punto de que su tasa para los diagnosticados prenatalmente con el síndrome es del 70% en los EE. UU.
 
Pero la OMS no se detuvo ahí. Recientemente ha producido directrices documento para despenalizar el aborto, practicarlo sin límite temporal y otras lindezas propias de las agendas progres. https://www.eldebate.com/familia/20220328/oms-quiere-eliminar-cualquier-limite-tiempo-practicar-aborto.html
 
No olvide, lector, que estas prácticas las financia usted con sus impuestos, lo quiera o no. Quieren acabar con los principios cristianos rectores de las sociedades occidentales.

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El avance tecnológico de esta semana https://testcoches.es/actualidad/ford-patenta-un-motor-termico-alimentado-por-hidrogeno-la-salvacion-de-los-motores-actuales/ es algo aparentemente sencillo, pero muy prometedor: un motor de explosión, o térmico, cuyo combustible no es gasolina, ni gasoil, ni gas, sino hidrógeno. No hablamos de hidrógeno que se descompone en una pila y alimenta un motor eléctrico, no; hablamos de algo rompedor: un combustible de disponibilidad ilimitada que alimenta directamente el motor, sin intermediarios.

¿El problema? La predetonación. Cuando se comprime, el hidrógeno es propenso a detonar. Por eso se habla de predetonar, es decir, detonar antes de que le corresponda por la fase del ciclo en la que se halla. Hay que esperar a las pruebas con prototipos.

Los neomalthusianos ya no podrán argumentar que el Peak Oil nos va a dejar a todos inmóviles cuando el crudo falte (que tampoco va a faltar), porque el hidrógeno no es un derivado del petróleo sino de un combustible que se suele obtener por electrólisis. ¡Vaya por Dios!

Y no es una startup la que lo ha patentado, sino la empresa norteamericana que inventó la producción en cadena: Ford Motor Company. Hiperbólicos títulos aparte (el periodismo hace a veces ejercicios circenses para ganar la atención de un lector rodeado de información cuya lectura debe seleccionar), lo cierto es que es un paso delante de un alcance que el mercado dirá cuánto importa. El mercado o los mindundis que nos dizque gobiernan, a los que perfectamente puede ocurrírseles prohibirlo para alcanzar sus objetivos de destrucción.

Hay otros problemas: la distribución del combustible (faltan hidrogeneras en todas partes, sobre todo en España; la producción del gas es escasa porque la demanda es baja); su almacenamiento en el vehículo exige fuerte protección para un gas confinado a grandes presiones. Pero la eficiencia de los motores es casi tres veces más alta que con la gasolina, los gases de escape son inocuos y la contaminación de todo tipo emitida por estos vehículos que funcionan con hidrógeno es la más baja de todas, con mucho.
Veremos.

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La frase de hoy es de Manuel Azaña. Produjo muchas. Cuando, el 16 de diciembre de 1933, el radical Lerroux llegó a la presidencia del gobierno, Azaña mostró su oposición a la CEDA, de la que desconfiaba por razones turbias. Azaña dejó claro el orden de valores que defendía: “Por encima de la Constitución, está la República, y por encima de la República, la revolución”.
Este era el moderado, el demócrata. Luego dijo aquello de “Paz, piedad, perdón”, pero fue porque estaba perdiendo la guerra.


Cordiales saludos
José-Ramón Ferrandis



Manuel Hazaña

[1] Obviaremos la biografía de Azaña porque ya hemos abundado en ella en una Carta anterior. Nos centraremos en los aledaños históricos de la efemérides.
[2] El más importante de los cuales fue el Directorio Militar encabezado por el general Miguel Primo de Rivera (1923/1930), que a su vez estaba motivado por el caos partidista inmediato anterior (en las Cortes Generales del 23 de mayo de 1923, el hemiciclo integraba veintidós partidos y agrupaciones distintas, lo que hacía inviable cualquier gobierno). Hubo también un complot abierto y público (el Pacto de San Sebastián, en agosto de 1930, orientado a instaurar un régimen republicano), un alzamiento militar prorrepublicano en Jaca (12/12/1930) y una sublevación o pronunciamiento en favor de una república en el Aeródromo de Cuatro Vientos (15/12/1930, Madrid). Todo ello ponía de relieve un profundo malestar.
[3] Azaña era dos años y medio más joven.
[4] En la 1ª acepción de la RAE: 1. adj. Que tiene soberbia o se deja llevar de ella. U. t. c. s. El término soberbia les cuadraba a ambos; 1. f. Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros. 2. f. Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.
[5] Azaña colaboró en la concepción y diseño de una Constitución que sólo reflejaba los intereses de sus facciones afines, por lo que desde el principio fue una norma impuesta.
[6] Es decir, extremista, libresco, precursor de los movimientos revolucionarios que vinieron después, a los que desconocía y despreciaba, que lo arrollaron y arrumbaron.
[7] La Iglesia Católica era una de las bestias negras de Manuel Azaña. Desde que llegó al poder (1931) auspició los desórdenes que abocaron a la destrucción por el fuego de instituciones católicas. El 13 de octubre de 1931, Azaña pronunció unos de sus célebres discursos (Azaña era un intelectual que dominaba el lenguaje escrito y el hablado). Fue en el Congreso de los Diputados. Allí espetó la frase por la que más se le conoce: ”Se trata de organizar el Estado de acuerdo con una premisa que la proclamación de la República convierte en axioma: España ha dejado de ser católica”. Estaba confundido, sin duda. Su último coletazo terrorista anti eclesiástico, en 1936, lo catapultó a la Jefatura del Estado y, paradójicamente a su ruina política y personal. Además de sancionar el sometimiento de las religiones al Estado, el artículo (24, que luego sería el 26) redactado por Azaña establecía la disolución de las congregaciones religiosas y la nacionalización de todos sus bienes. La jerarquía católica y varios políticos, entre ellos Alcalá Zamora, reaccionaron en contra y el artículo fue redactado de nuevo para no bloquear la formación de gobierno. Azaña, temeroso de que Alcalá Zamora, Antonio Maura y hasta Alejandro Lerroux se desentendieran del gobierno (dejando éste en manos de la izquierda), recogió velas muy a pesar suyo.
[8] Desde el primer momento en que se hizo cargo de las palancas de mando político, procuró reducir la importancia, la presencia y la trascendencia del ejército español, lo que le valió su enemiga. Con el decreto conocido como de retiros o ley Azaña, inició un proceso de reducción de efectivos militares.
[9] Impuso una Ley de Defensa de la República que reducía a la miseria las libertades constitucionales. En su virtud cerró centenares de periódicos y revistas, censuró otras, así como detuvo y/o deportó a muchos opositores.
[10] Priego de Córdoba, 6 de julio de 1877/Buenos Aires, 18 de febrero de 1949.
[11] Alcalá-Zamora abogaba por una república de clases medias e intelectuales, a la manera de la III República francesa. Esa idea era plenamente compartida por Azaña.
[12] Órgano que se interpreta como antecedente del gobierno provisional de la II República.
[13] Quien aseguró que la Constitución de 1931 era un texto diseñado para una guerra civil.
[14] Acompañado por Antonio Maura.
[15] Mitad por cálculo, mitad por la cobardía constitutiva de su personalidad.
[16] Sus relaciones eran malas. Azaña presentó a ratificación por Alcalá-Zamora las leyes de Congregaciones (secularización de la enseñanza) y del Tribunal de Garantías Constitucionales, pero el Presidente arrastró los pies cuanto pudo.
[17] Alejandro Lerroux formó gobierno con apoyo de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), dirigida por José María Gil-Robles. Alcalá-Zamora se llevó mal con los radicales y sobre todo con la CEDA, ya que recelaba del partido.
[18] Azaña estaba seguro de controlar a los gruesos batallones populares con la inteligencia republicana. No fue así. En lugar de dirigir a los partidos revolucionarios, fue arrastrado por ellos.
[19] Azaña creía firmemente que el resto de los políticos eran poco menos que imbéciles e ignorantes.
[20] El 17 de enero de 1937 publicó un famosísimo artículo en el diario suizo Journal de Genève.
[21] “La muchedumbre se apoderó de documentos electorales; en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados”.
[22] “Que procedió de manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias, donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron a candidatos amigos vencidos. Se expulsó de las Cortes a varios diputados de la minoría”.
[23] El Frente Popular logró conquistar la mayoría absoluta “violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia”.
[24] El síndrome de Down NO ES un defecto de nacimiento. Es una variación cromosómica, un trastorno genético causado por una copia extra de todo o una parte del cromosoma 21.

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